"No importa de dónde vienes, sino a dónde vas".

"Si puedes soñarlo puedes hacerlo".

sábado, 30 de septiembre de 2017

Cambio de blog

¡Hola a todos! Os escribo para deciros que este blog ha llegado a su fin. Siempre quise un blog un poco más personalizado y con una temática más definida, pero no he podido crearlo hasta ahora. Mi nuevo blog es sobre cómo es mi vida en Medicina, con mis pequeños triunfos y meteduras de pata. Os dejo el link y espero vuestra visita: http://medicinadeliciosa.blogspot.com.es/

domingo, 9 de abril de 2017

Resiste

Han pasado casi siete meses desde que "Villa" pasó de ser Villaverde a ser Villaviciosa. Siete meses desde que cuatro torres pasaron a ser un puente, una cascada y un lago con peces radiactivos. Siete meses desde que Plaza Castilla pasó a ser Príncipe Pío. Siete meses desde que la línea 10 de metro pasó a ser la línea 519 de autobuses interurbanos. Siete meses desde que me admitieron en Medicina en la UdL y yo rechacé la plaza para hacer Medicina en la UEM, cuando ya llevaba un mes en segundo de Enfermería y tenía prácticamente decidido que me iría a Costa Rica en enero para cumplir mi sueño.
La carrera me gusta aún más de lo que creía, porque ahora sé por qué mi pelo es liso, para qué sirve la pka o por qué el chocolate engorda. Me gusta tanto que no me lo creo, y hay quienes me ayudan recordarlo:
+ Te noto más feliz.
- ¿Por qué lo dices? Yo me veo igual.
+ No sé...Ahora estudias, no faltas ni un día, te preocupa perder el tren...Antes te levantabas a las 12, si no era tu día no ibas a clase y salías más conmigo. Ah sí, y vuelves a echarme la bronca por todo. 

Antes pensaba que Medicina era la pieza que me faltaba para sentirme realizada, que si puedo estudiarlo no me importa el precio que tengo que pagar (literalmente y metafóricamente hablando). Ahora que tengo esa pieza me doy cuenta de que las otras piezas se han desordenado y que sigo sin ser completa, simplemente porque el resto también importa y nada es perfecto. 
Por un lado, echo mucho de menos a mis antiguos compañeros. Ya no voy al baño en manada, nadie me acompaña a rellenar el agua, ni compra a medias las galletitas "infinitas" conmigo, ni me guarda el sitio, ni me abraza cuando me ve, ni usa un método infalible para coger apuntes (un drive compartido entre 4 personas, con un móvil que graba y otro que toma fotos de diapositivas que no suben). 
Por otro lado, me está costando encontrar una rutina que me permita dormir 8 horas y no 5, ser puntual, llevar las asignaturas al día, hacer la cena y ver novelas. Esto sin contar que: mi relación con mi hermana ha empeorado; estoy tan harta de ser sujetavelas (o menorá, sólo para que suene más original) que estoy desarrollando repulsión a las parejitas; las huelgas del transporte público, mi bus y los dentistas juegan con mi tiempo; las prácticas me agotan y no me salen tan bien; me aburren las clases de Fisio porque ya he dado gran parte del temario. 

A pesar de todo, cuando siento que no puedo más me digo: "Resiste, tú puedes, pudo haber sido peor. Estás en Medicina, alégrate". 

jueves, 29 de diciembre de 2016

De infiltrada en una boda

16 de julio de 2016

He estado tanto tiempo pensando en lo que me iba a poner y en el peinado que se me ha hecho tarde. Salí de casa a toda pastilla, con un vestido con encaje color menta, un bolso grande y chanclas, sí, las prisas...Iba a coger el bus con K, pero se enfadó conmigo porque no le cogía el móvil, así que fui sola. Por el camino me estaba deshidratando, cuando un hombre con dos hijas empezó a preguntarme mi nombre, el sitio al que iba, edad, etc, y yo, disimuladamente, empecé a andar más rápido. ¡Por fin había llegado al número 19! Había muy poca gente, pero poco a poco fueron llegando más invitados. Lucían esmoquins, tacones de aguja, pajaritas, bolsos y vestidos perfectamente conjuntados, que contrastaban con mis chanclas (qué vergüenza). Estuve media hora disculpándome e intentando convencer a K para que viniese. Estar rodeado de gente que no conoces, que se conocen entre ellos, es raro e incómodo como las escenas de sexo al lado de tus padres.

Más tarde, E, M y yo fuimos a buscar a K. Siempre quise saber cómo era sentir esa explosión de adrenalina de la que me habló un día L, cuando se subió a una moto en la finca de su tío, donde por cierto vio un...¿zorro? Os aseguro que recorrer este pueblo subida en la parte trasera de una silla de ruedas eléctrica es muy parecido. A pesar de que acabamos yendo en la dirección contraria y K se volvió a enfadar porque le hicimos esperar una hora, volvimos a aquella casa que temblaba por el gran número de decibelios que destilaba. Aquí es donde supe lo absurdo que era preocuparse de que este año cumpliste diecinueve, que el año que viene ya cambias de cifra, y que el siguiente tendrás casi dos patitos (22). Porque cuando ves que la gente baila, se sabe muy bien las canciones y se pone guapa para luego comprobar si el rímel o los peinados son a prueba de agua independientemente de la edad que tengan, se te alivia la depresión post-dieciocho. Te das cuenta de que son pocas las cosas que puedes hacer con dieciocho que no puedas hacer con cincuenta.

Después de un par de copas, conocer al DJ que jamás puso la canción que quería y hacer el reparto de camas donde dormiríamos, nos metimos en la piscina, el único sitio que prometía no anochecer nunca. Dentro del agua me dio un tirón en la pierna, nunca se me han dado bien los deportes. Al recuperarme, se acercó un amigo de E, borracho, que intentó hacer de alcahuete para unirme con M. Como tenía que inclinarse para hablarme, al final se cayó a la piscina.

Luego, salimos a dar un paseo por una arboleda, cuyas farolas brillaban por su ausencia. Recorrimos alrededor de un kilómetro, sin tener ni idea de dónde estábamos exactamente y sin móviles (por creer que los otros sí se llevarían el móvil). Cuando me quise dar cuenta K y E ya no estaban, me habían dejado a solas con M. ¿Que qué pasó entre nosotros? Mejor os digo cómo terminó este ingenioso proyecto con fines románticos. M se quedó atrapado en una cuneta y nos tuvo que ayudar la Guardia Civil para sacarlo de allí.

Cuando volvimos ya eran las tres de la mañana. La casa estaba desordenada y silenciosa, y el padre de E furioso porque nos estaba buscando y le habíamos dicho que sólo sería "una vuelta". La mitad de gente estaba durmiendo en los colchones en medio del salón, en los sofás, en las habitaciones...La boda acabó a las cuatro de la mañana con una discusión entre E y su padre y un viaje de vuelta a casa en el coche del DJ.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Gracias y lo siento

Eran las dos de la tarde de otro maldito lunes. Estaba en la facultad terminando un trabajo, entre debates acerca de bibliografías en APA y Vancouver, y lo que yo conozco como “merengue” y mi amiga como “suspiro”. De repente, me volvió a llamar ese número largo con prefijo de Filipinas. Al principio, pensé que sería otra de las llamadas del Instituto Cambridge ofreciéndome una de sus maravillosas becas, así que iba a colgar. El punto es que me estaban grabando mientras hablaba por teléfono y el vídeo recogió estas palabras: “Sí, soy yo. ¡Sí quiero! Ahora mismo”. No supe muy bien cómo reaccionar, sólo que quería abrazar a todo ser humano que estuviera a menos de dos metros de mí, llorar, y pedirles que me dijeran por favor que no era una broma. Porque cuando llevas casi dos años amargando a todos con lo que piensas día y noche, cuando has perdido la confianza en ti misma, o cuando parece que van a quitar Selectividad/PAU porque no paras de presentarte, crees que todo es demasiado bueno para ser verdad. A lo largo de este tiempo, aparte de comprobar que soy tremendamente masoca, he llegado a un par de conclusiones más. Que conformarse no tiene ningún sentido, que quien no arriesga no gana, que la estadística es absurda, que tienes que actuar de manera que te sientas bien contigo mismo, y que que el palito largo del tetris te toque sólo es una cuestión de tiempo.
Gracias a todos los que me habéis apoyado. Gracias por dedicarme canciones, gracias por recomendarme pelis, gracias por la lámina y la taza de Mr. Wonderful. Gracias por aguantarme. Muchas gracias y lo siento. Lo siento por no poder haberos contado cosas mejores y haberos metido en mi pequeño círculo vicioso. Espero que pueda compensarlo con anécdotas como cuando me estampé contra el detector de metales la primera vez que fui a pagar el seguro escolar, o que si me haces reír en la piscina es muy probable que ponga a prueba la capacidad del socorrista para sacarme del agua.
Mi felicidad es 1% neurotransmisores y 99% Medicina. 

sábado, 13 de agosto de 2016

Estrellas de papel

Una tarde cualquiera de verano de 2006. Tegucigalpa, Honduras. 
Desde que mis primos se fueron a estudiar a los Estados Unidos, sus habitaciones eran como un museo lleno de reliquias. Me encantaba hurgar en ellas, porque aparte de que conseguía aumentar mi material escolar enormemente, cada objeto me decía algo de ellos. Sé que eran del Motagua (un equipo de fútbol) por una hucha de cerámica con forma de la mascota del club: el águila. También eran fieles amantes de la GameCube, Pokémon y Mario Bros, y bueno, no son malos escribiendo cartas amorosas.
Esta vez intenté, como siempre, averiguar el número secreto de los cajones con candados; volví a fallar. Luego, me dio por coger una carpeta de acordeón con cuadros amarillos. Había unos cuantos papeles, en el fondo seguían estando los separadores de colores y estaba un poco sucio, así que subí a la terraza a lavarla.
Al bajar, no encontré a mi tía por ningún sitio. Resulta que estaba con mi madre de compras, pensó que estaba durmiendo y por eso no me había avisado. Me dijo que las esperara, que volvería muy pronto y que una siesta haría que el tiempo pasara más rápido.

1 de julio de 2016
Según muchos, me considero una persona paciente, porque no me estreso cuando se me enredan los auriculares, o cuando no sé qué ponerme para una fiesta. Tampoco me importa estar horas haciendo una piñata de Minions, días haciendo ganchillo, o semanas esperando un pedido de Aliexpress. Pero hay esperas que matan, que aunque estés acostumbrada a resolver sudokus difíciles y tengas paciencia, consiguen que desistas. Quizás mi tía tenía razón, a veces hay que hacer que la espera sea menos pesada, o que al menos te haga pensar que por esperar algo ese algo llega.
Cuando no puedes echarte una siesta eterna para no acabar desganado, sólo puedes ir llenando un tarro de cristal con una estrella de papel por cada día que pasa. Convencerte de que cuando lleguen al tope, la espera habrá acabado, y que mientras más estrellas, mejor quedará el tarro.

miércoles, 20 de julio de 2016

No te cierres puertas

Sé que jamás podré catalogar un día o un año como el mejor de mi vida, ni como el peor, pero estos últimos meses han sido explosivos. Demasiadas decisiones, opciones, trámites, miedos, luchas, charlas, esperas, correos, envíos, nervios, política, fútbol... Y a la vez, muchas personas maravillosas, lugares inexplorados, canciones pegadizas, velas de cumpleaños, cafés con leche y poco azúcar, yogur helado con un kilo de todo, noches falsamente estrelladas...Está siendo un año bastante cargado, todos los acontecimientos se juntan para formar un meteorito preparado para estrellarse contra la Tierra. Mi ahogo en el océano de posibilidades, que según Barry Schwartz hace que tener más sea menos, y los arcoiris de mis sueños, bailan al mismo compás.
Cada día llego a una conclusión diferente, intentando convencerme de que mi reflexión más reciente es mejor que las anteriores. Cambio de opinión más que de tetriminos en una partida de tetris, y freno más rápido que los fórmula uno. Recuerdo que un día alguien me llamó para convencerme de algo que no iba a aceptar. Una de las frases que usó en su defensa fue: "No te cierres puertas". Aunque al final no consiguió su propósito, esa frase se me ha quedado marcada. Quizás mi problema sea que considero demasiadas barreras que no deberían estar allí, que además de puertas, cierro ventanas para asfixiarme dentro. He aprendido que es más fácil preguntarse por qué no que por qué sí, porque los síes sólo son posibles cuando no hay noes.

"Aunque hay algunos muros demasiado peligrosos para cruzarlos, lo único que sé es que si finalmente te aventuras a cruzar, las vistas al otro lado son fantásticas".

miércoles, 15 de junio de 2016

Autobuses

El transporte público ha sido algo nuevo para mí este año, he aprendido a no perderme en las estaciones a base de mirar carteles y coger trenes equivocados, ah, y también a usar escaleras, siempre están para algo, el camino lo marca la escalera que avistes. A pesar de estas pequeñas lecciones, los autobuses siguen siendo mi punto débil. O cojo el que no es y acabo en la otra punta de Madrid, o cojo el que es y no sé cuándo bajarme.

11 de marzo de 2016
Hoy han organizado una sangriada en la UAM, en el campus "de verdad" (mi facultad está aislada del resto de la UAM) y había quedado con un amigo para lo que hemos bautizado como "juego de máscaras". No nos habíamos visto nunca en persona, así que el juego consistía en encontrar a la otra persona entre todas las caras, pudiendo hacer uso de disfraces.
Sabía ir en tren, pero mi amiga insistió con que el autobús era mejor porque evitábamos hacer trasbordo y tardábamos menos, entonces decidí hacerle caso. Parecía decidida y segura, aunque en realidad compartíamos los mismos conocimientos acerca de los autobuses y la misma confianza en que la otra sabía más. La cuestión es que hemos descubierto la existencia del botón de "Stop" para solicitar paradas. También descubrí que la casa de Dora la Exploradora era real, y que el parking no había sido un sitio estratégico demasiado acertado para ganar el "juego de máscaras", se había convertido en un baño público...

8 de junio de 2016
Hoy es el segundo día de mi tercera convocatoria de PAU. Tenía el día libre, aunque fui a la Universidad para darles apoyo moral a mis compañeros. Mientras ellos estaban con el examen, me quedé en el pasillo escuchando música, las vistas desde ahí me hacían sentir como una monja de clausura dentro de un convento.

En el tren de vuelta a casa comunicaron por el megáfono que cortarían la línea por un incendio, lo que nos llevó a las escaleras de una residencia de ancianos al lado de una parada de autobuses con una cola de cien personas. Nos íbamos a quedar allí, hasta que vimos que teníamos posibilidades de coger un autobús. Sin embargo, acabamos siguiendo a los "paisanos", unos señores que estaban detrás que se llamaban así entre ellos. Según ellos, en la parada de la autopista llegaríamos antes a casa. No sé si era verdad, lo que sí sé es que sólo estuvimos cinco minutos esperando.
Fue un día caluroso, con patatas fritas un poco saladas, puentes, caminatas, y será una noche en la que no pueda pegar ojo debido al incendio, aunque no por las quemaduras que no tengo.