"No importa de dónde vienes, sino a dónde vas".

"Si puedes soñarlo puedes hacerlo".

domingo, 20 de julio de 2014

¿Amigos?

Hace algo más de un año, conocí a un amigo a través de "League of legends", un juego que se había hecho bastante popular. Pensé que esta persona sería uno más en mi lista de contactos y que nuestro historial se rellenaría con escasas frases típicas, frías y sin sentido, pero fue todo lo contrario.
Empezamos hablando por el chat de LOL, nos intercambiamos el Twitter y después el Whatsapp, aunque eso es otra historia. Tras nuestra primera conversación estuve pensando en él durante los días siguientes. Esa noche no dormí o tal vez dormía con nuestra conversación metida en la cabeza. En clase permanecía físicamente sentada mientras mi conciencia navegaba por la Vía Láctea, tratando de comprobar la existencia de universos infinitos. Por una vez añoraba mi casa porque allí estaba el ordenador.
La cosa iba la mar de bien, me sorprendí al ver que recibí tweets suyos al iniciar sesión en Twitter. Ese día me pidió el Whatsapp, sabía que no tenía, se lo dije sin más y sentí mucha rabia, apesta chatear a través de mensajes limitados a 140 caracteres que prescinden del maldito pajarraco mensajero azul. Me dedicaba a escanear su perfil detalladamente, casi memorizando su contenido. Caí en la cuenta de que no utilizaba Twitter a menudo y me sentí feliz al ver que en los últimos cien tweets me mencionaba.
Con el tiempo dejamos de hablar como antes, lo que me impulsó a tomar iniciativas inapropiadas pero moralmente decentes; le cogí el móvil a mis padres para crearme un Whatsapp, hay cosas que el destino no hace por ti. Obviamente le sonó raro cuando le dije: "Hey, agrégame", sin embargo, ignoramos el tema. Digamos que todo volvió a la normalidad. Comenzaba a preocuparme por si hablábamos demasiado. Cuando el "adiós" tocaba la puerta nadie abría y era imposible despedirse, tuve que solucionarlo creando el "3, 2, 1". Digamos que dicho eso nadie entraba en la conversación de nuevo. Se había negado, pero lo tuvo que aceptar. Era parecido a la Cenicienta, se tenía que marchar a medianoche y el príncipe se preguntaba por qué.
Después, supe que LOL y las fiestas representaban el 75% de su vida. Cuando me saludaba en LOL me ilusionaba por si le daba por dejarse llevar por el flujo de las palabras tecleadas. Otras veces me sentía ignorada, sobre todo los fines de semana, aunque sabía que el domingo por la noche reaparecería. Supongo que me basta con saber que alguna vez he estado entre sus fiestas (pensamientos) y que en su corazón, mi puesto no se trata de "un número de maratones" como dice mi mejor amigo, que no es, por ejemplo, el 712. 3, 2, 1..