"No importa de dónde vienes, sino a dónde vas".

"Si puedes soñarlo puedes hacerlo".

martes, 5 de agosto de 2014

¿Vivir la vida loca?

De pequeños, tener muñecos y juguetes nos encantaba. Puede que algunos sintieran un amor innato hacia ellos y les emocione de por sí; otros los querían porque eran instrumentos para cultivar nuestras primeras amistades. "Si no tienes muñecas no vamos a jugar contigo", quien tiene la colección más extensa gana y se vuelve popular porque más gente querrá jugar con él. Número de muñecas era sinónimo de número de amigos.  Por otro lado, cuando mamá nos llevaba a casa de su amiga y conocíamos a otros niños, lo primero que se nos pasaba por la cabeza era: "¿jugamos?".
A medida que en el reloj de arena de la vida caía más arena, los juguetes y los muñecos se iban guardando en el baúl de los recuerdos (al menos eso nos hacían pensar). El hueco ocupado por ellos anteriormente es reemplazado por otros vicios infantiles de niños grandes: las fiestas, el alcohol y otros, escondidos detrás. Aquí es cuando nos damos cuenta de que la resaca y beber es la manera actualizada de socialización (de ahí que Windows 7 sea más descargada que Windows 8). Las personas que nos rodean se van de juerga y el miedo a ser excluido, acompañado de curiosidad y ganas de dejarse llevar por la novedad nos hace preguntarnos: ¿Debería hacer lo mismo? 
Soy una de esas que jamás se irá de fiesta a menudo, no beberá un embalse de cerveza, no se quedará pedo, no besará accidentalmente al primo de Hulk...Pero sí quedará de vez en cuando con sus amigos para divertirse a su manera.
Si creáramos un gráfico según las emociones de una persona fiestera, veríamos saltos altos y repentinos, picos de montaña seguido de una línea recta. Los picos son los subidones de euforia derivados del incremento de adrenalina, y la línea, el equilibro provocado por la asimilación de esa forma de vida. En cambio, un individuo con una vida más relajada tendría una representación en forma de zig zag, subidas y bajadas que aseguran estabilidad cardíaca.
Si ambos gráficos fuesen los electrocardiogramas (ECG) de dos pacientes, el primero estaría muerto porque la línea nos avisa de que su corazón ya no late; el segundo podría sufrir arritmia o alguna enfermedad cardiovascular (o no), sin embargo, está vivo. Esto es para que luego no digan: ¿y para qué vives? Las borracheras no justifican que vivas más y el electro afirma firmemente que estás muerto. De pequeña no me agradaban las muñecas, no por nada sino porque encontraba mejores cosas que hacer: papiroflexia, el escondite, experimentar con esmaltes de uñas, hacer gelatina, escribir cartas a mi primo simulando ser una admiradora secreta, construir casitas de cartón...

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