"No importa de dónde vienes, sino a dónde vas".

"Si puedes soñarlo puedes hacerlo".

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Casas ajenas

K y yo bajamos del autobús y nos dirigimos hacia la casa de E. Justo antes de llegar, nos dejamos atraer por una vivienda exageradamente decorada con motivos navideños, tenía luces, muchas luces, como si se empleara toda la electricidad del hogar en los adornos del exterior. Era como la casita de chocolate de Hansel y Gretel pero con mini bombillas multicolores e intermitentes en lugar de dulces.
Antes de comer nos divertimos un rato maquillando a E y vistiéndole de chica, ¡sólo le faltó la peluca! Durante la cena nos pusimos morados: K con jamón, B con aceitunas y yo con tortilla. Más tarde, vimos Expediente Warren, la responsable de unos cuantos gritos, proyectos de gritos para asustar, miedos por ir al baño.,.Ya eran casi las tres de la mañana, sin embargo, quisieron poner otra película más light. K y yo nos habíamos quedado dormidas, por lo que el despertar se manifestó en ella como mal humor, y en mí como antojo de patatas fritas. Lo que comenzó siendo una cena terminó siendo una fiesta de pijamas, empezamos a bromear con eso de quedarnos a dormir, y como siempre ocurre, detrás de cada broma hay una verdad.
Creímos que ya era hora de irse a la cama, hasta que tuvimos que buscar unos tubos para hinchar la cama de E. Decidimos preguntárselo a la madre de E mientras varios se quedaban rastreándolos por la cocina, el salón y el pasillo. Subimos las escaleras, tocamos suavemente la puerta abierta de una habitación donde se oían ronquidos, ¡era la habitación de la abuela! Quedaban otras tres puertas, sabíamos que una de ellas era el baño, y la otra una de la habitaciones libres. Por intuición, tocamos la tercera puerta. Nada, nadie respondía y nos daba corte seguir insistiendo. Bajamos abajo y se lo dijimos a E, quien nos respondió que la habitación correcta estaba un piso más arriba. 
Estar en casas ajenas es divertido porque las desconoces, es como estar en un hotel más acogedor, toda una aventura cuando te confundes de habitación o no encuentras algo. No obstante, he comprobado que no me gusta estar más de dos días fuera de casa.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Vallas

Tarde-noche de otoño-invierno 
Empezó siendo un día tranquilo entre melodías clásicas y románticas, suelos con hojas con tonos amarillentos y rojizos, un lago con barcos y un reloj analógico a lo lejos, que apuntaba hacia las 17:52. A pesar de que estuvimos toda la tarde juntos, sólo nos había dado tiempo a debatir sobre las fases de la luna, que por cierto estaba en cuarto menguante, y a ver gente haciendo pilates en compañía de pelotas de colores (siempre he querido una de esas). Cuando oscureció del todo, anduvimos hacia una de las salidas del parque. Se nos ocurrió atravesar un camino tétrico y siniestro que creí recordar en alguna de mis pesadillas en las que salían fieras de los árboles. La oscuridad era tan tenue que no me permitía ver más allá de mi nariz. Los objetos de mi alrededor parecían dibujos tridimensionales e irreales. Eso me hizo pensar en mi pasado, mi pasado ya no existe. Si mi pasado fuese una habitación estarían las luces apagadas, porque ya pasó, ya no importa, sólo queda lo abstracto, las anécdotas y los recuerdos.
Más tarde, acabamos yendo a la pirámide de cuerdas, nuestra pirámide. Subimos hasta la parte de arriba y nos tumbamos. Desde esa perspectiva se veían las estrellas, las cuerdas entrecruzadas y el vértice de la pirámide, era una combinación magnífica. Teníamos la intención de quedarnos un rato, pero nos pasamos un poco de tiempo. Llegar unos minutos tarde nunca había sido un problema muy gordo, la cuestión era que las puertas estaban cerradas, ¡nos quedamos encerrados! M dijo que nos saltáramos la valla, algo que para mí fue poco viable porque jamás había llegado siquiera a plantearme la posibilidad de saltarme una. La inseguridad y los ánimos de las pocas personas al otro lado de la valla me convencían para quedarme a dormir una noche en la pirámide:
- "¡Qué peligro!".  ¿Y a ti que te importa? Vete a tu casa.
- "Voy a llamar a la policía".  ¿Ah sí? ¿Por quedarme encerrada en un parque?

No obstante, en momentos así la desesperación puede con todo. Sí, ¡he saltado mi primera valla (espero que sea la última)!

jueves, 12 de noviembre de 2015

Tetris como filosofía de vida

El tetris siempre me ha parecido un juego clásico poco entretenido, hasta que un día conocí a su primo-hermano: Tetris Battle. Es el mismísimo tetris pero con dos jugadores y con una duración de dos minutos por partida. Juegas con un contrincante y las líneas que haces se las mandas al otro, así añades más altura a su bloque. Si el bloque llega arriba entonces consigues un KO. A partir de 3-5 KOs ganas directamente; la victoria lo determina el número de KOs, si no los hay cuenta el número de líneas enviadas, y en caso de coincidir en este dato, gana el que tenga el bloque en una posición más baja.
Tras horas y horas colocando figuras de colores (o de chocolate, una edición limitada que compré por San Valentín), soy nivel 89 con el título de Legendario GM (ni idea de lo que significan las siglas). En este momento me doy cuenta de que por detrás de un simple pasatiempo puede haber inteligencia y lecciones de vida, estas son algunas de las que he aprendido:
- Quien no arriesga no gana: Si construyes una torre alta tienes más posibilidades de ganar, pero un solo fallo puede marcar tu derrota.
- Siempre se puede empezar de nuevo: Si tu contrincante pretende obtener un KO y estás rozando el límite superior no intentes evitar que lo logre, así evitarás jugar con presión y con la sensación de que te están ahorcando. Con el tiempo que te queda puedes reconstruir la torre y compensar el KO anterior con ventaja.
- Quien mal anda mal acaba: Si te sientes malhumorado lo más seguro es que coloques mal alguna figura (o muchas), tu descontento hace que creas que perderás y provocará más errores que harán que la torre crezca sin que puedas eliminar líneas, y por tanto, pierdas.
- La belleza consiste en mirar más allá de las imperfecciones: En tetris hay una táctica llamada T-spin, consistente en colocar unas cuantas figuras "mal colocadas" de manera que formen un hueco para que quepa la figura con forma de "T" al bajarla lentamente y girarla. La dificultad radica en que tienes que olvidarte del concepto de "bloque perfecto" para poder hacer T-spins. ¿Tanta complicación para qué? Porque esto permite enviar el triple de líneas, ganar brillantemente a partir de desperfectos.

¿Y bien? ¿Consigues extrapolar alguna de ellas a situaciones que te han ocurrido?

sábado, 24 de octubre de 2015

¿Azul o dorado?

Mi año de prueba ha comenzado, estoy en primero de Enfermería con la espinita de la Medicina clavada y soportando crisis existenciales. La uni es coger trenes, caerte persiguiéndolos, tener clases en las que preferirás hacer cosas más productivas como jugar al Tetris Battle, ser VIP en el McDonalds, hacer cola en las máquinas de café donde hay una opción carente de sentido: vaso solo, pasar diapositivas de Powerpoint y conocer gente que se ríe por todo, que toca el ukelele, que...La mayoría de edad, el abono de transporte y el turno de tarde son la bomba. Puedo comprar una cerveza San Miguel 0% alcohol sin que el dependiente me diga que no, colarme en la facultad de una amiga de otra uni con turno de mañana y elegir la hora para levantarme.
La vida universitaria me gusta, me ha sorprendido cómo ha sido el proceso de evolución de la Enfermería, por qué es mayoritariamente de mujeres y cómo lucharon por conseguir un lugar para la Enfermería. Definitivamente no se trata sólo de "pinchar culos", y si lo fuera no es tan fácil, tomar la tensión tampoco es sólo inflar el manguito. Las asignaturas más ligadas al cuerpo humano son mis favoritas (Anatomía, Fisiología...), pero a veces no me llenan porque en las explicaciones siempre quedará un "más allá" que no tengo que conocer porque "es para los de Medicina". Sin embargo, el destino parece que se empeña en que me quede, no sé por qué en el Colegio Oficial de Enfermeras huele a mango (mi aroma preferido), por qué el día de mi cumpleaños es fiesta en la facultad, por qué siempre me quedo a unas décimas de la nota, por qué he conocido a personas tan increíbles, ¿por qué? No sé elegir, ¿azul o dorado?, ¿la gallina o el huevo? 

lunes, 10 de agosto de 2015

Violeta

He pasado de tener una habitación diseñada para disponer del máximo número de metros cuadrados posibles y hacer el pino-puente, a una en la que los muebles estorban y dividen el cuarto en tres zonas: la del descanso, la zona wifi y la zona con un aire a secretariado. Este es uno de los cambios que necesito cada cierto tiempo, me gusta la novedad, el contraste, aunque sólo sea cambiar de champú o de funda de móvil. Eso es, cambio, el violeta, además de ser símbolo del linfoma de Hodgkin, también representa el cambio. Por eso, el blog ha pasado de ser naranja a ser violeta, porque mi nueva habitación no será lo único que cambie, quiera o no. Por otro lado, las figuras de los pájaros de los laterales preparándose para el vuelo son un fiel reflejo de mí.
El mes pasado pisé por primera vez la facultad, donde tuve mi primera toma de contacto con la vida fuera del cascarón. Estuve a punto montarme en dos trenes equivocados y caminaba como una cría perdida intentando encontrar a su madre. Cuando salí de la boca del metro me sentí muy pequeña, supongo que no por mi baja estatura sino por el área comercial de las cuatro torres y el gigantesco hospital. Según Google Maps la universidad estaba a siete minutos andando, así que seguí las órdenes del navegador agarrando el teléfono como un explorador en busca del tesoro. Después de bordear el hospital y encontrarme con un McDonalds lleno de médicos y enfermeros, llegué. Por supuesto, la aventura nunca acaba, al lado de la entrada había un mapa del recinto que mostraba un par de edificios enumerados. La verdad es que di los siguientes pasos al tún-tún, sin embargo, me llevaron hasta la puerta de cristal del decanato. Ya dentro, entré por otras dos puertas erróneas hasta toparme con la de Gestión de alumnos. 
Al salir me brotó el síndrome del preuniversitario, tengo miedo de no poder afrontar la universidad, de no hacer amigos, de las novatadas...Pasaré de tener confianza con el director y los profesores a enfrentarme a un decano y otros maestros que posiblemente no sepan nunca cómo me llamo; tendré que acostumbrarme a un vocabulario culto con palabras como "merman" o "exención"; iré a clase por la tarde después de quince años yendo por la mañana; viajaré en tren sin controlar los transportes públicos; estudiaré una carrera en un lugar que no sé si me agradará, sin saber si hice una buena elección y sin la certeza de si algún día haré lo que verdaderamente me atrae; y sobre todo, haré todo sin ayuda. Es un antes y un después, una etapa con grandes cambios...En el océano de mis pensamientos se reprodujo la letra paródica de una canción inventada con K en los inicios del instituto:
"Cuando llegué aquí
creí que todo era guay,
ahora que estoy aquí
sé todo lo que hay".
     
"Tu vida no comienza hasta que haces algo grande".

lunes, 20 de julio de 2015

Venecia

13 de marzo de 2015
Eran las cinco de la mañana y soñó una de las alarmas. Molestaba. Pero las mantas nos abrazaban fuertemente impidiéndonos pulsar el botón de desactivar/aplazar. No nos levantamos hasta que la profe tocó a la puerta para comprobar que no había habido ninguna fuga de alumnos. A pesar de que a las dos de la mañana había dado dos puñetazos en la pared para avisar a los de al lado de que no era un horario apropiado para mover sillas, mesas y soltar carcajadas (las risas eran lo normal dentro de lo indecente, estaban echando champú, gel de ducha y pasta de dientes a los inocentes), había dormido genial, sólo cuatro horas pero como un angelito. De desayunar había poca variedad: croissants, café, chocolate, zumo, bizcocho, cereales y pan. En el buffet había una misión importante: conseguir provisiones para el resto del día, cosa que fui incapaz de hacer.
Luego, fuimos a dar otro paseo por la playa. El sol, cálido pero no abrasador, había puesto al descubierto las conchas enterradas en la blanquecina arena. El ambiente era tan simpático que quise llevarme parte de él en una botella. Al abandonar las orillas del Adriático, nos dirigimos al autobús de Ramón, que nos llevaría al puerto donde cogeríamos el vaporetto a Venecia. La entrada a la ciudad fue acompañada de niebla, que la hacía más interesante al actuar como un mantel en una exposición de cuadros. Venecia, como describía una de mis compañeras, "es como Madrid pero por cada paso de peatones, en Venecia es un puente". Por otro lado, gran parte de los regalos los compramos aquí, nadie se fue sin dos bolsas cargadas de máscaras, antifaces, imanes o figuras.
A lo largo del día nos ofrecieron decenas de veces palos de selfies, y finalmente los vendedores, de tanto insistir e insistir, consiguieron vender varios: "la profe estrenando su palo de selfie era como un niño con un juguete nuevo". También nos encontramos con parejas que estaban haciendo sesiones de fotos, incluso arrastrando un largo y precioso vestido blanco, ¿no es de cuento? Ya por la noche mientras regresábamos al puerto, unos hombres estaban cantando en un idioma que no identifiqué y bailando en círculo con panderetas en las manos. Acabamos uniéndonos a ellos, fue lo más divertido de todo el día. Al llegar al puerto estaba anocheciendo y el cielo mostraba una bolita roja-aranjada. Saqué la cámara para una última captura, ti-ti-ti, se apagó. Adiós Venecia, me quedo con la imagen de tus canales y mi sudadera verde de "I love Venezia" :) Estábamos fritos, en lugar de un barco de personas parecía uno de mercancía. La canción del fondo, I follow rivers, parecía una de esas que ponen al final de las películas: (I-I follow, I follow you deep sea baby), era ideal. 
En el hotel, un joven de otro grupo había arrojado un mechero que casi le da a A, a quien tuvimos que calmar antes de que dejara al chico sin descendencia. La cena era excesivamente original, más pasta y más pollo. Después de comer, contribuímos a ocupar todas las sillas y sofás de la recepción, único sitio donde había wifi.

martes, 14 de julio de 2015

Refugio

Aún recuerdo la edad en la que me gustaba seguir las modas en lugar de marcar mi propio estilo. A pesar de que cometía fallos mínúsculos en ortografía, como la tendencia era Messenger y escribir de la peor manera posible (xk, 100pre, sKe, io...), imitaba al resto. Otra diversión colorida era decorar las agendas con firmas y dedicatorias falsas como: "Dos ositos en la nieve no se pueden resbalar, dos amigas que se quieren no se pueden olvidar"; "Genoveva y Eustaquia APS TKM NTO". Este fue el comienzo del título de "mejor amiga", un diploma tan inigualable que parecía que venía en las cajas de cereales. También era considerada y si transformaban mi "taco de hojas con espiral" en un pavo real yo devolvía el favor con agrado.
Entre las siglas MAPS o BFF y personas que simulan ser tus mejores amigos y luego te abandonan a la primera de turno, dudé si mi "mejor amiga" era mi mejor amiga. Pocas tardes estoy con ella, en las malas no siempre cuenta conmigo y según el horóscopo cáncer y libra se llevan mal (un motivo más para no creer en él). Pero sé que es mi mejor amiga cuando me atrevo a ser obediente cuando discuto con mi madre y me suelta un "pues no vuelvas", porque sé que su casa es mi refugio; cuando necesito a alguien con quien hablar y pienso en ella; cuando su madre me reconoce como su segunda hija; cuando su tía se presenta y menciona mi nombre antes de que se lo diga; cuando soy la coordinadora de su fiesta sorpresa de cumpleaños; cuando soy la candidata elegida para el preestreno de Insurgente; cuando es la única que me apoya en caminos "sin escapatoria"; cuando me dejan plantada, me siento mediocre y nos sentamos a escuchar música. Ella no viene cuando todos se van, pero sé que siempre que lo necesite podré acudir a la madriguera de nuestra amistad.

domingo, 5 de julio de 2015

Padre incompleto

Mis padres tienen un doctorado Melissiano, lo saben todo sobre mí: lo que pretendo con cada miradita, cómo voy a reaccionar frente a diversas situaciones, mi forma de ser, gran parte de mis gustos...Sin embargo, lo que yo sé de ellos es una parte ínfima. Me di cuenta de esto hace dos días, después de que mi madre y mi hermana se fueran de vacaciones y nos dejaran en Madrid faltos de cariño. Era la primera vez que estábamos solos bajo el mismo techo durante tanto tiempo. Es como vivir con mi padre del pasado, cuando era joven y seguía soltero.
Como debe ocuparse únicamente de mí y no tiene que preocuparse por convivir con dos personas más, tiene más libertad para actuar. Experimenta con platos internacionales (mejicanas, vietnamitas...) e inventa salsas nuevas (a mi madre no le gusta lo exótico). Al sentarnos en la mesa hablamos muy poco, pero cada comida del día me llena de sorpresas. Lo que más me sorprende es que propuso turnarnos para fregar los platos, ¡él fregando!
Por otro lado, he descubierto que es sumamente responsable, justo y generoso, además piensa por mí antes que por él a pesar de lo borde y frío que aparenta ser. Pensé que sin ama de casa su habitación estaría patas arriba, pero hace la cama todos los días y deja todo en orden. El domingo fuimos de compras, él me recogió a casa y como me derretía de calor, abrí la nevera en busca de helados. Como sólo quedaba uno se lo di y me conformé con una placa refrigerante. Al cabo de un rato me extendió lo que quedaba de helado, me dijo que como sólo había uno era la mitad para cada uno, si hubieran sido dos, uno para cada uno.

Siempre pensé que le gustaba el café porque suele comprarlo. Creía que mi hermana y yo éramos las egoístas que le dejábamos sin capricho, pero en realidad no le gusta, lo compraba para nosotras...Compartir casa con mi padre incompleto también significa ruptura de normas implantadas por la autoridad suprema (mamá): aumento misterioso de mis ingresos, inversiones no consultadas...En fin, esta convivencia es tan especial como sus inventos gastronómicos. 

viernes, 3 de julio de 2015

Desear

Cada vez que miro la fecha de caducidad de las latas de sardinas, pienso en los conservantes que actúan como un santo grial, manteniendo durante años la juventud de las sardinas: 31 de diciembre de 2018, ¿de verdad caducarán? Yo creía que no, que todo está por llegar pero no llega, las sardinas no vivirán su fecha de vencimiento y yo no viviré el día en que los dados decidan mi futuro. Sin embargo, ese día sí llega, lo bueno es que hasta su llegada sólo había podido desear y desear y con su llegada el deseo puede transformarse en realidad. Bien, mi lata ha vencido, en cambio mi deseo ha permanecido intacto, sigue siendo un deseo.
Al principio me sentí hundida, fracasada, desorientada...Sabía de antemano que no sería un éxito asegurado y que los fracasos existen, sólo que me derrumbó eso de ver una puerta semiabierta, caminar hacia ella y que en mi último paso se cierre obstaculizando la entrada. Afortunadamente, tengo unos amigos y una hermana que saben cómo darle un segundo uso a los objetos, me golpearon con peluches: "Eres tonta". Aquella mañana parecía que estábamos ensayando una obra trágica, nuestro diálogo era profundo y filosófico. Por dentro seguía igual de deprimida, pero quise demostrarles que su visita había servido para algo: "No voy a llorar más porque entre las lágrimas y el calor me voy a deshidratar". Por supuesto, mientras yo estaba entre cajas de Kleenex recibía mensajes de personas anunciando con megáfono sus triunfos, felicitaciones varias, y otros preguntando por mi situación y yo sin saber qué responder.
Luego me planteé todas las posibilidades que tenía. Mi decisión ha sido comprarme una nueva lata de sardinas, por el momento seguiré deseando hasta que mi segunda lata caduque y los dados muestren otros números. Confío en que el próximo año no será un año perdido y que "si a la primera no lo consigo a la segunda lo haré mucho mejor".

viernes, 19 de junio de 2015

Milán - Verona - Padua

12 de marzo de 2015 
Anoche no había dormido casi nada, estaba emocionada porque hoy comenzaba mi aventura: ¡me voy a Italia! Era una de las pocas veces en las que estaba despierta a las seis de la mañana. En las calles predominaba el silencio, no uno sepulcral cual cripta, sino un silencio pacífico, agradable. De camino al aeropuerto de Barajas me quedé mirando cómo brillaban las luces de las farolas con la canción de El Perdón de Nicky Jam de fondo. En el avión me tocó un asiento aislado, pero me dormí mientras sonaba Fly me to the moon y la soledad sólo fue una palabra más en el diccionario.
 Al despertar, el piloto anunció que quedaban unos minutos para llegar al aeropuerto de Malpensa, también nos informó sobre el clima y la belleza de los Alpes.

Al llegar a Milán esperamos el autobús, donde conocimos a Ramón, el conductor. El interior del vehículo estaba increíblemente limpio, con un exquisito perfume a lavanda. Desgraciadamente, ese olor cesó cuando alguien sintió la necesidad de liberar gases.
 Como seguía teniendo sueño me dormí, y así pasaron dos horas. Hacía tanto calor que abrí los ojos, Italia tenía un cierto parecido con Madrid. Nos bajamos, comimos y dimos un paseo de hora y media. La catedral del Duomo era impresionante, así como todas las grandes marcas como Gucci y Prada.
La siguiente parada era la cuna de Romeo y Julieta: Verona. Visitamos el anfiteatro y el balcón de Julieta, antes de llegar a él había una pared repleta de grafitis y dedicatorias y yo contribuí a llenarla más, sólo para dejar mi huella. También fuimos a un edificio con una larga escalera, que según cuenta la leyenda, si pides un deseo y bajas de espaldas tu deseo se cumple. N me miró con cara de "sé lo que acabas de pedir". Mientras bajaba era todo un espectáculo porque tenía unas botas con tacón, incluso me aplaudieron! Luego acabamos en Padua, era ya de noche y todo estaba cerrado.
Finalmente, llegamos al hotel, las habitaciones eran pequeñas y cuádruples. En seguida bajamos a cenar, había pasta y pollo. Después fuimos a caminar por la playa, algunos se quitaron los zapatos, lo que no sabían era que el suelo y la arena estaban helados. Por supuesto, cuando el frío penetró en sus delicados pies desnudos comenzaron a chillar como si caminaran sobre cristales rotos.
Al volver al hotel nos dimos cuenta de que había una fiesta al lado, así que algunos apostaron a que no dormirían en toda la noche. Eso sí, antes subieron a las habitaciones, donde nos duchamos y nos reunimos con los profes para charlar (e intentar colar una zapatilla entre las aspas del ventilador de techo). Como no hablaban de nada interesante, la mitad nos largamos.

martes, 16 de junio de 2015

Mi experiencia con SELECTIVIDAD

No suelo escribir con mayúsculas pero...HE ACABADO SELECTIVIDAD. Pensé que sería peor pero acabé echando de menos ir hasta la Universidad, subir a clase y esperar a que nombraran a toda la coalición de los Díaz y los Domínguez para poder entrar. Pasó como una estrella fugaz y ahora que tengo todo el tiempo del mundo siento un vacío que aún no sé rellenar.
El primer día fue el más intenso de todos, apenas había dormido, sin embargo la preocupación que llevaba encima me mantenía en pie y con una carga de adrenalina. La noche anterior me aseguré de echar todo lo que "me hacía falta" en el bolso (por la mañana me había sangrado la nariz, no sé si por calor o por nervios): DNI, un abanico (para calmarme), chocolate (para depresiones y posibles bajadas de azúcar), resúmenes para aportar seguridad, auriculares para perderme entre melodías, el recibo de pago...Por la mañana mi padre me hizo el desayuno y me llevó en coche, siguiendo las órdenes del GPS. Había tráfico y nos quedaban aproximadamente dos kilómetros cuando nos confundimos de calle, lo cual significaron más kilómetros y más desesperación.
Una vez ahí cada uno iba a su respectiva clase de la mano de la profe, como una madre llevando a sus hijos al cole; yo fui la última en soltarla. Mi clase estaba en la primera planta del cuarto edificio, detrás de una puerta que daba a un largo pasillo, al cual le llegaba luz por unos grandes ventanales. Todos estaban repasando, pero yo me senté a escuchar música para no agobiarme. De repente el de al lado me habló, y estuvimos barajando lo que podía caer en cada asignatura hasta que empezó el llamamiento. Después de dejar las cosas en la tarima del aula, me eché colonia para evitar la sudoración de las manos. Nos habían dado un buen rato para hacer ejercicios de relajación y rezar a San Pancracio. Minutos antes de que empezaran a repartir los exámenes, charlé con la chica que estaba detrás, ella tampoco había dormido anoche.
El examen de Lengua fue el primero y noté que lo fue, mi mano aún se estaba adaptando al boli y no daba más de sí, tardé media hora en escribir la literatura, era como escribir con la mano congelada por el frío del invierno. Después venía el tomate, Historia y/o Filo, pero una vez terminado, todos estaban en el césped disfrutando del preveraneo, el hambre había erradicado los repasos; Inglés era Inglés.

El segundo día sólo tuve el de CTM (Ciencias de la Tierra y Medioambientales) por la tarde, que fue inaugurado con una fuerte e inesperada lluvia. En dos minutos tenía medio cuerpo empapado y el agua caía más deprisa que en la alcachofa de la ducha. No nos lo esperábamos porque a pesar de que no hacía un sol espléndido, no pensamos que podría llover, y tanto. Aunque fue realmente divertido correr bajo la lluvia chillando y soltando carcajadas porque alguien había saltado un charco sin querer.
Al llegar al edificio ya estaba completamente mojada. La profe venía con una amiga, quien antes de saludarme puso la mano en mi pantalón para comprobar si estaba así porque era un diseño particular. No, no lo era. Intenté secarme con la secadora del baño, era inútil, seguía como un pollito recién nacido. Mis zapatos estaban tan encharcados que preferí quitármelos e ir descalza. Para colmo, el aire acondicionado estaba encendido, era escribir una frase y estornudar, escribir otra y mucosear. Raramente, volviendo en tren ya estaba seca otra vez, el sol volvió a salir y el cielo comenzó a despejarse.
En cuanto al último día, no estaba para nada nerviosa. Había llegado incluso a hacer amigos, con los que grabé un vídeo despidiéndonos de la PAU. El infierno había dejado de existir, no obstante, más que felicidad sentí unas ganas tremendas de volver a casa y, sobre todo, nostalgia: "Todo ha acabado, ¿y ahora qué?".

domingo, 31 de mayo de 2015

Vida prePAU

Mis mayores miedos son ir al dentista (sus instalaciones me recuerdan a los quirófanos, cuando me tumbo siento que me van a hacer daño) y los roedores. Desde hace nueve meses la PAU también se convirtió en uno de ellos, pero ahora que quedan nueve días decir que es un miedo es quedarse corto. Por el día estudio, por la tarde estudio y por la noche sueño como fracaso en los exámenes. Estoy agobiada, quiero respirar bien, vivir la vida y no ser un robot programado para sujetar un libro diez horas al día. Me desahogo tocando el piano, bombardeando las redes sociales y compartiendo chistes malos, como una foto de una ola de varios metros con una frase al lado que pone: "Yo cuando se acerca la Selectividad". 
El otro día tuve clases preparatorias y en una de las hojas que nos entregó el profe figuraba: "Estudia todos los días, compensa", N por su parte y en sus momentos positivos intenta protonar el tenso ambiente: "Mira el lado bueno, son diez días para la PAU pero trece para ser libre. Tendremos el mejor verano de nuestra vida y entraremos en la carrera que tanto ansiábamos". Quizás estoy tan hundida en la miseria que niego todo. No sé si compensa estudiar todos los días aunque lo hago, no sé si será el mejor verano de mi vida porque la próxima estación del año y mi futuro dependen de esta maldita prueba. Tengo la sensación de que todo el mundo será feliz y entrará en su carrera excepto yo. Como necesito una nota como los gases que tienden a expandirse todo lo posible me quedaré llorando dentro de un armario el resto de mi vida...
¿Miedo por ir al dentista? Ahora no me disgustan las revisiones, de hecho creo que me pondré brackets.

sábado, 16 de mayo de 2015

10 cambios en mí

Cuando me avisaban de que Segundo de Bachillerato era, más que una prueba de conocimientos, una prueba de madurez, no exageraban. No sólo me he actualizado académicamente, sino también moralmente y en otros aspectos. Diez novedades en mí son:
1) Estudio una semana antes del examen y no un día.
2) Me como el tomate y los pepinillos de las hamburguesas del Burguer.
3) Puedo negar eventos importantes, quedadas e invitaciones para estudiar.
4) Hago resúmenes y no memorizo a saco directamente de los libros o apuntes.
5) Miro más el reloj y el tiempo, aunque no me sobra, me cunde.
6) Tengo menos peleas en casa porque cualquier tarea doméstica comparado con el temario de Historia es despreciable.
7) He ganado positivismo, me he dejado "protonar" (un chiste malo después de un comentario pesimista después de una clase intensa de Química)
8) Soy menos enfadica, más comprensiva y más empática.
9) No me crujen los huesos si me preguntan en clase, levanto la mano para responder y no me escondo detrás de la columna o disimulo con el boli.
10) En lugar de odiar puedo ignorar.

viernes, 15 de mayo de 2015

¡He acabado!

Hace un par de días, todavía preocupada y estresada por los exámenes finales, busqué por Youtube vídeos de personas que habían pasado por lo que estaba viviendo y así sentirme identificada. Encontré uno de una chica que decía que Segundo de Bachillerato era como un embarazo. Hasta ayer estaba embarazada de Segundo de Bachillerato y anuncio que hoy he dado a luz.
Me siento feliz porque he terminado el instituto, dentro de diez días tendré mi fiesta de graduación, en menos de un mes haré las PAU y al fin podré ser mejor persona, hija, hermana, sobrina, prima, amiga, blogger, pianista...porque no volveré a darles la vara con lo de "quiero estudiar Medicina y tiene una nota de corte de X". En algunos momentos sé que me paso un poco, me siento como una chiflada y una egoísta, proyecto mi impotencia hacia ellos por no sentirme capacitada para satisfacer mi deseo. 
Me he hecho la idea de que la media me da más o menos un 9, lo que se traduce a que tendré que brillar en Selectividad si quiero entrar a Medicina. La gente me felicita y hasta hace dos días estaba disgustada. Un 7 puede ser un sobresaliente para quien no necesita un 12, así un 9 es un suspenso para quien necesita casi un 13. No obstante, hoy he decidido no sufrir porque siento que voy en contra de la vida por amargarme por haber trabajado todo el año. No tiene sentido todo esto, además no está todo perdido... ¡A celebrarlo se ha dicho!

sábado, 9 de mayo de 2015

Sin nombre

Una mañana estaba andando por el pasillo de mi casa cuando la puerta de la habitación de mi hermana estaba abierta. Iba a pasar de largo pero el cuarto me llamaba, me decía: "Melissa, ven, ven",  y entré. Me tiré en la cama y estuve tumbada por unos minutos. Luego me estiré y me quejé de lo que me esperaba esa tarde. Después lo vi, vi a Lulú o...Taylor o...Avery. Es un pez de color naranja, de unos cuatro centímetros que mi hermana se compró por capicho. En cuanto a la pluralidad de nombres, es porque desconecemos el sexo de nuestro pequeñín, yo propuse llamarle Lulú pero como yo soy Mercurio y ella es Neptuno no le agradó el nombre. Para rechazar mi propuesta, ofreció un nombre masculino que se me ha olvidado (se nota que no consiguió mi aprobación). Y claro, surgió la duda de la sexualidad de mi Lulú, así que seguimos buscando un nombre unisex por si algún día descubrimos que es del sexo contrario y nos muerde.
Frente a mis lamentos y lloriqueos, SN (sin nombre)- sí, no es que la entrada no tenga nombre, es que se llama Sin Nombre-, estaba nadando a una velocidad que cualquiera diría que estaba en una competición de natación, lo hacía describiendo circunferencias concéntricas, respetando la forma del recipiente. Mostraba alegría, felicidad, hiperactividad, energía...
Pensé que era un deseo momentáneo de SN, como el que tuvo mi hermana cuando lo compró, sin embargo, es su forma de ser, está todo el día así. De vez en cuando me acerco a la pecera para verle, su energía cinética se transforma en mi energía vital para cumplir con lo debo y dejarme de quejas. Es gracioso, acerco mi dedo al agua para ver si reacciona, nada hasta la superficie y hace un movimiento raro con la boca, como quien se toma fotos con morritos para el Instagram, me gusta saber que es consciente de mi existencia.

sábado, 25 de abril de 2015

Problemas

Ayer tuve la gran oportunidad de conocer a uno de los dramaturgos más importantes del siglo XX: José Luis Alonso de Santos. Nos estuvo dando una charla y nos contó que un escritor cuando escribe una novela sigue "la regla de un triángulo", en el que la base de la figura son las palabras, y los otros dos lados los problemas y las emociones. Es decir, para escribir una historia es necesario crear unos personajes que tienen unos problemas, que desencadenan unas emociones y expresarlas de la manera más hermosa posible. Comentaba que los problemas eran fundamentales y sin ellos no había historia: <<Si Romeo está enamorado de Julieta y Julieta de Romeo y los padres dicen "Pues os pongo un piso", entonces no hay historia">>.
Según Alonso de Santos vivir consiste en afrontar estos problemas: "Todos tenemos problemas, si no es con la familia es con los amigos y si no es con los amigos es con el vecino y si no es con el vecino con el novio...Podríamos pensar que viviríamos mejor en un mundo sin problemas, pero vivir es tener problemas". Explicó su pensamiento con la metáfora de la paloma kantiana: "La ligera paloma, que siente la resistencia del aire que surca al volar libremente, podría imaginarse que volaría mucho mejor aún en un espacio vacío". La paloma cree que su vuelo podría ser óptimo en un medio sin aire, pero en el vacío la paloma se caería por las leyes físicas que rigen la naturaleza, sólo puede volar al batir las alas contra el movimiento del aire.
"Por eso los seres humanos estamos vivos, porque tenemos problemas, porque nuestra vida depende de cómo batamos las alas".

miércoles, 22 de abril de 2015

Blanco - negro

Estoy a veinte días de acabar segundo de Bachillerato y a dos meses de las PAU, aunque por ahora me lo estoy tomando con calma. Al principio, sufría tanto que llegué a comparar este curso con un campo de concentración, la verdad es que se parecen mucho. Antes me encontraba en la fase de shock en la que alucinaba, después en la fase de asimilación y creo que ahora he alcanzado la última fase. En esta etapa ya puedo ver el final, no como antes que la opacidad del principio tapaba lo de atrás.
En cuanto a lo de entrar a Medicina y las notas, he reflexionado, leído, informado y sólo sé que quiero esta carrera y que no me rendiré, quiero intentarlo hasta el último momento. A la vez veo mi futuro como veía la cara de mi hermana en ese día tan soleado...

Una tarde de 24 de agosto de 2014, Guadalajara.
Estaba pasando el día en un pueblo llamado Zorita de los Canes. Hacía calor, llevaba una camiseta de color rosa y unos pantalones cortos, aún estaba veraneando. Los rayos solares se reflejaban con mis gafas de sol y entonces mi hermana, un poco inquieta de carácter, se dedicó a quitarme y ponerme las gafas mientras acompañaba el movimiento  diciendo blanco cuando me las quitaba y negro cuando me las volvía a poner: "blanco - negro - blanco - negro...". Me estaba mareando y le pedí que dejara de desafiar a mi glándula pineal.

Así es como veo mi futuro, a veces blanco y otra veces negro, blanco - negro - blanco - negro...Espero poder conceder pronto la tranquilidad que se merece mi glándula pineal.

lunes, 20 de abril de 2015

Un nuevo hogar

Cuando acababa de llegar a España, mi deseo era poder largarme de aquí porque consideraba que mi hogar estaba a kilómetros y kilómetros, más allá de Europa, más allá del Atlántico. Me sentía como un vagabundo que no tiene casa y que no sabe qué será de él mañana, el que daría un vuelco a su situación si tuviera capacidad para hacerlo. Extrañaba a mis amigos, las tartas, las catrachitas, el helado de uva, estilo de vida, familia, escuela...Me sentía vacía por dentro.
Tras ocho años de estancia, he logrado remodelar mi vida, España es mi nuevo hogar. Esto lo descubrí con el viaje a Italia. Fuera de casa parece que todo se complica y que te cobran hasta por respirar (un euro cincuenta para ir al baño); querer probar una pizza italiana con la imagen de la mozarella despegándose y terminar ansiando un huevo frito. Aprovecho para contar mi experiencia de la pizza-sopa-burrito: Entramos a un restaurante, como estaba en el "paraíso de la pasta" quise ordenar una pizza diferente, es decir, algo más interesante que una boloñesa que se consigue en el Telepizza o los congelados del Carrefour, así que pedí una Gamberetti (gambas, mozarella y tomate). Tenía altas expectativas y por eso me decepcioné mucho, me habían dado una margarita mal hecha (el tomate debería estar cubierto por el queso pero estaba mezclado) con gambas sin pelar por encima. Al parecer las gambas estaban recién sacadas del congelador que el hielo que contenían se derritió en la masa formando la "pizza-sopa". Como tenía poco tiempo para comer, la enrrollé a modo de burrito y me la comí. Ahí es cuando comencé a decir "en Madrid esto no hubiese pasado" y a pensar en la tortilla de patatas, la paella, echaba de menos hasta la barra de pan.
Supongo que ya he considerado que este es mi hogar y soy feliz con lo que hay. Ya no quiero irme porque el proceso sería inverso, extrañaría España y me sentiría vacía de nuevo.

domingo, 22 de marzo de 2015

Perder el hilo

La vida da muchas vueltas, podemos hablar con personas con las que jamás creímos que dirigiríamos la palabra, encontrarnos dos veces en un mismo día con una amiga fuera del país, hacer lo que dijimos en el pasado que nunca haríamos...Pero a medida que lo nuevo va sustituyendo a lo viejo parece que estoy en otro universo y veo el mundo desde otro ángulo.
Soy una de las que les cuesta olvidar lo vivido, una a la que los buenos momentos le dejan una profunda huella, una de las que no concibe que hay situaciones que no se repiten. A veces tengo el inocente pensamiento de que puedo recuperar amistades perdidas, volver a cultivarlas y hacer como si el viento no se hubiese llevado nada, lo que es equivalente a intentar tocarse el codo con la punta de la lengua. Una vez que se pierde el hilo es difícil volver a estar cerca de una persona con la que estabas habitualmente porque no sabes qué temas de conversación proponer, hemos cambiado, ya no sabemos cómo es el otro sino cómo solía ser.
Lo importante de los recuerdos no es lo que ocurrió, sino cómo nos sentimos. En todo este tiempo no he hecho más que engañarme, no digo "adiós" en las conversaciones interesantes porque quiero dejarlas abiertas para dar sensación de infinitud, para que no acaben y así prolongar mi felicidad al estar respondiendo y preguntando algo distinto del "hola, ¿qué tal?". También trato de reproducir circunstancias agradables para experimentar eudemonías pasadas. Y no, hay conversaciones que acaban sin "adiós" y volver a hacer lo mismo no me hace sentir lo mismo, pero a un "adiós" le puede seguir un "hola" y otros momentos y otras personas me pueden hacer alegre de otra manera. Ahora que sé que no puedo copiar y pegar momentos felices ya no temo perder el hilo del diálogo ni con nadie.

sábado, 21 de marzo de 2015

Metáfora del bizcocho

En mi familia no suele haber secretos, excepto el de que mi padre hizo en sus tiempos mozos un curso de repostería. Jamás comimos un dulce hecho por él, cada vez que sacamos el tema se excusa con razones débiles que desembocan en un "porque no". Será por esto que he desarrollado un interés por el mundo de la pastelería, me llama la atención y siempre he tenido la intención de hornear un buen bizcocho o batir un buen merengue suizo para crear en él el deseo de volver a endulzarse entre el azúcar glass.
Aún así sigo sin saber el verdadero motivo por el que ha abandonado la cocina de manera tan radical, aunque llegué a una hipótesis después de varios intentos montando nata y claras de huevo. Cuando comemos un trozo de bizcocho creemos que su proceso de elaboración es tan sencillo como el mecanismo del chupete: hay una lista de ingredientes, se echa todo en un bowl, se bate y al horno; luego nos sale una masa cruda por dentro, quemada por fuera y con forma de volcán. Eso fue lo que pensé y pasó lo que pasó: la nata se me descompuso porque no batí lo suficiente y hacía demasiado calor; confundí polvo para hornear y levadura; fundiendo chocolate blanco se me formó una pasta rara; amasando harina se me pegaba la pringosa mezcla entre los dedos...
La repostería es así de delicada, un solo error basta para que lo apetitoso se convierta en asqueroso. Supongo que mi padre está desinteresado porque sabe de sobra la energía que hay que invertir haciendo una mísera galleta. Sin duda comprándolo en el Mercadona acabamos antes, pero la gracia está en hacerlo uno mismo, todo está más delicioso (o melicioso) cuando lo haces tú porque añades un componente especial: amor.


Una tarde lluviosa de 2014
Estaba volviendo a mi casa y N me dijo que estaba triste porque ve que a su alrededor la gente podía permitirse el lujo de salir todos los fines de semana y relajarse mientras que ella se encerraba en su casa estudiando, "¿hago demasiado Melissa?". Se comparó con M, quien saca notas parecidas a ella y no hace ni la tercera parte de lo que hace ella. 
Para animarla se me ocurrió la metáfora del bizcocho, aplicando lo que la repostería me había enseñado: "N, cada persona es distinta y cada quien elige cómo hacer su propio bizcocho, lo que pasa es que tú lo haces de una manera y M de otra. No tienes que sentirte mal, estudiar para un examen es lo que todos deberían hacer y no hacen. Simplemente eres de los que siguen la receta al pie de la letra y te tomas tu tiempo tamizando harina, incorporándola poco a poco y a mano y los otros son de meter todo junto en un recipiente y batirlo con la batidora eléctrica para tardar menos. Al final tu bizcocho será el más esponjoso y rico de todos y el de los demás será comestible pero menos esponjoso y con grumos, incluso algunos pueden quedarse sin bizcocho porque los ingredientes pueden saltar por los aires si pulsan el turbo".

jueves, 19 de marzo de 2015

Una gran familia

Muchos estamos de acuerdo con que los nuevos alumnos de secundaria parecen cada vez más pequeños (algunos pasan a la ESO aún con algún diente de leche), que las canciones antiguas son las mejores y que mi promoción es una de las más vagas de la historia, reflejado en los catastróficos resultados del segundo trimestre con un total de 103 suspensos.
Llevamos de cinco a siete años juntos y a lo largo de este tiempo hemos ido aprendiendo a convivir y consolidar esta gran familia. Seguimos peleándonos por las fechas de los exámenes porque nunca nos ponemos de acuerdo, pero veo en nosotros una unión envidiable, sobre todo cuando L me cuenta que su antigua clase estaba fragmentada en mil grupos en los que ni entra ni sale nadie; "el todo es mayor la parte". También siento que hemos marcado una revolución y que lo que tenemos de perezosos lo tenemos de afortunados, en primero de Bachillerato íbamos predispuestos a impartir Ampliación de Inglés porque era la optativa que había desde hace muchos años y terminamos con Técnicas Experimentales, materia rara vez mencionada. Llegó la hora de rellenar el sobre de la matrícula de segundo y el problema era que algunos querían el itinerario Tecnológico y otros el de la Salud, el único itinerario que salía desde hace cinco años. La proporción era más o menos del 50%, éramos 22, sin embargo nos mordimos las uñas en varias ocasiones porque el mínimo de alumnos para un itinerario tenía que ser de diez y a veces salía 9. Esta preocupación nos acompañó hasta el día anterior al primer día de curso, cuando por fin el director dijo que habían salido ambos.

En primero nos propusieron un viaje de fin de curso a Italia, que no salió porque nos apuntamos muy pocos. Pensábamos que habíamos perdido la ocasión, no obstante, este año por primera vez ofertaron el viaje a segundo. El viaje salió adelante y será algo que recordaremos toda la vida: personas que despertaban con champú, el dolor de pies después de subir a la cúpula de Florencia, la discoteca móvil en el autocar, la canción que sonaba cuando partimos de Madrid (El Perdón, de Nicky Jam), los chubasqueros y paraguas por la lluvia en Roma, las palomas, los palos de selfies, las máscaras de Venecia, el Vaporetto, la pasta, la pizza, el helado, los láseres, el factor sorpresa de cada hotel y cada lugar (la disposición de las habitaciones, si eran triples o cuádruples, si era mejor o peor que el anterior, qué habrá de comer, qué tendrá de especial, etc), el Coliseo, el Vaticano, las risas, el trato tan cercano, amanecer bajo un mismo techo, las escasas horas de sueño, las prisas por bajar a desayunar y decir "buenos días"...Con este viaje somos oficialmente una gran familia.

martes, 10 de marzo de 2015

Cuentos

Una noche lluviosa de 2007
Tenía fiebre y faringitis, vomitaba todo lo que comía y me negaba a tomar la medicación, tuve un intento, pero lo eché fuera. Me volvieron a ofrecer comida y jarabe, negué todas las propuestas, no quería nada excepto dormir y que me dejaran en paz.
Después, se acercó mi tío a verme: "no puedes seguir así, tienes que comer algo y tomárte el jarabe". Entonces llegamos a un acuerdo, él me contaría tres cuentos si me comprometía a hacer lo que me dijeron. Algunas noches me contaba cuentos (normalmente uno o dos, tres era un lujazo), no eran de los clásicos como "Los tres cerditos" o "La Cenicienta" porque ya me los sabía de pe a pa, eran diferentes y por eso me atraían. Él fue profesor de Matemáticas aunque su vocación de joven era ser escritor.

Un domingo de febrero de 2015
Durante la semana me puede pasar de todo pero el domingo es el domingo y está reservado para mi familia, salgo con ellos todos los domingos por la tarde. Estábamos paseando por el Retiro, y al llegar al lago recibimos una llamada internacional (tenía más de diez dígitos), era mi cuentacuentos. Me pasaron el teléfono, le informé sobre hechos recientes de mi vida y acabó contándome un cuento relacionado con lo hablado: "Érase una vez un animal que quería llegar al otro lado de un río. Estaba a punto de tirarse al agua, pero otro animal le intentó alertar diciendo que hace unos días otro animal había hecho lo mismo para cruzar el río y murió ahogado. El primer animal se lo pensó mejor, se le ocurrió arrojar una piedra para determinar la profundidad del agua. Decidió lanzarse y terminó sano y salvo al otro lado".
La moraleja de este cuento es que no hay que tener tan en cuenta lo que nos dice la gente, por supuesto que hay que valorar los consejos y compartir opiniones, pero en última instancia somos nosotros los que decidimos. También hay que recordar que cada uno es diferente y lo que le pase al de al lado no tiene por qué pasarnos. A lo mejor el de al lado es como el animal que se ahogó por no tirar la piedra y tirarse por la parte más honda, o quizás era más pequeño y el agua le cubría entero. En fin, hay cosas que uno tiene que descubrir por sí mismo, y de manera segura claro.
Hoy en día me siguen gustando sus cuentos, rechazaría los medicamentos y la comida en mis ratos enfermizos sólo por dejarme sobornar por ellos.

viernes, 27 de febrero de 2015

No me mires que me desgasto

Seguí mi rutina de siempre: clases, comer, biblioteca. Me senté en una de las mesas colectivas, abrí el libro de Historia y empecé a estudiar. Había un chico un poco más mayor que yo en la mesa de enfrente, vale, como cualquier otro. Pasaron dos horas, estaba un poco cansada y me estiré procurando no convertirme en el centro de atención por desperezarme como un animal. Volví a echar la vista en ese chico. Tenía una camiseta color esmeralda acabada en pico que me recordaba a un cirujano, a la vez su cara me sonaba de un joven que representó a Frondoso en una obra teatral de Fuenteovejuna. 
De repente me devolvió la mirada y yo la esquivé para no parecer una acosadora, también porque quería reirme de lo que tenía en mente, la imagen de Frondoso y un cirujano, ¡a ver lo que pensaría! Después, me sentí observada durante media hora, no podía concentrarme e intentaba mirar cualquier cosa (estanterías, mesas) menos a él, pasaba las páginas del libro para disimular. Pensé que sería más cantoso mirar hacia cualquier dirección menos hacia adelante, así que cambié el ángulo. Al parecer sabía que evitaba mantener contacto visual con él y estaba esperando a que lo hiciera, me saludó sonriendo y yo cambié de color como un camaleón. Definitivamente Historia tenía que esperar a esa noche.
Hice un descanso con N y le conté lo ocurrido. Cuando volví a sentarme para estudiar, el señor esmeralda me volvió a saludar, esta vez con cara de "por fin has vuelto". La Medicina me tiene tan enferma mentalmente que no paro de pensar en un estudiante con una camiseta esmeralda que me recuerda a un médico, ese color es tan sexy...

sábado, 7 de febrero de 2015

Números

Dicen que la edad no importa porque sólo es un número, dicen que la estatura no importa porque es un número, dicen que la nota tampoco importa porque es otro número. Ojalá pudiera pensar que nada de esto importara. Sí, sólo son números pero me pesan.
Medir 153 cm es vivir al lado de un taburete; aparentar 12 cuando tienes 17 (podría decirse que es motivo de celebración el parecer más joven pero no el dar sensación de infantilismo o inmadurez); sentir como si fueras un liliputiense en un mundo de gigantes; bromear diciendo que eres alta porque perteneces a otra especie, Australopithecus; querer darle dos besos a alguien y no poder tomar la iniciativa para parecer simpática.
Sacar un notable nunca había sido un problema, pero de cientos de carreras quieres hacer Medicina. Un 8 implica una valeriana, un 7, sufrimiento, y un 6, lamentar tu existencia.
¿Por qué? ¿No sólo eran números? Sí, son sólo números al igual que "una cárcel es sólo una habitación". .

Olimpiadas de Biología

Nada pasó como lo planeaba, pero estoy muy contenta de cómo sucedió todo. Habíamos quedado a las tres menos cuarto en RENFE y llegué unos diez minutos tarde por sobreestimar mi condición física. Avisé a K de que tardaría un poco más y me comentó que cree haber visto a los de cuarto (se supone que nos íbamos juntos) y se acababan de marchar. Me sentí culpable porque pensaba que la prueba empezaba a las cuatro y el trayecto dura una hora, así que corrí como pude.
Cogimos los billetes en ventanilla y desde que nos montamos en el tren estuvimos cronometrando el tiempo empleado en cada parada, si eran cinco minutos chillábamos de alegría y si el tren se ralentizaba, decíamos: "No vamos a llegar".
Por otro lado, me preocupé porque no tenía el número del profe y deberíamos de estar en contacto para organizarnos. Uno de los que participaban tenía una hermana en la clase de al lado, como no tenía su número llamé a otra compañera para que me diera el número de su hermana y así poder llamarla. Saltó el buzón de voz. Llamé a otro compañero y al final obtuve el número de la hermana de la concursante, sólo que su respuesta fue: "Ella no tiene móvil" :| No pasa nada, queda el otro chico, pensé en M, la mejor amiga de mi hermana que tiene como mejor amigo a un conocido del segundo participante. Misión cumplida, tengo su teléfono y pulso la tecla de Llamar. De repente recibo una llamada entrante de un número desconocido, sin embargo, los nervios de K contribuyeron a colgar la llamada. ¿Será alguien sin importancia? Devolví la llamada, era mi profe, nos esperaba en la estación. Nos aliviamos por un momento, aunque seguíamos pensando que las Olimpiadas se celebraban a las cuatro. Cuatro paradas, tres...K, ¿cuántas paradas quedan? Una, Chamartín y ya está. ("Próxima parada, Fuencarral") Nos quedamos atónitas, ¿Fuencarral?
Nos bajamos del tren y el profe estaba esperando en el andén, nos tomó una foto en la que salimos con cara de preocupación y amargura (cara de no nos va a dar tiempo). Resulta que mientras nosotras estábamos creando una mega cadena de amigos para la búsqueda de sus teléfonos, ellos hacían lo mismo. A veces cuando estás buscando algo, ese algo también te puede estar buscando.
Las Olimpiadas eran a las cuatro y media, así que flow. Después de la prueba, debatimos las preguntas y tuvimos una nueva impresión del profe, la verdad es que los profesores son muy distintos dentro y fuera de clase. No me había reído como hoy en meses.
Al regresar, K y yo dimos una vuelta y compartimos un kebap mientras seguíamos haciendo chistes frikis sobre Biología. También concluimos que es imposible comerse un kebap sin que salga la lechuga, la carne y las salsas. Fue un día maravilloso :)

lunes, 2 de febrero de 2015

Entre libros

Desde septiembre, ese edificio gris con un rótulo que pone "Biblioteca Municipal", una puerta pesada y una extensa rampa que da acceso a la sección de adultos situada en la segunda planta, se ha convertido en mi segunda casa. Al principio nos parecía un laberinto, pero es gracioso cómo cada día descubrimos algo nuevo y mejoramos nuestra orientación y dominio sobre el lugar y actualizamos nuestra versión de GPS andante.
El primer día desvelamos que había una escalera aparte de la rampa que conducía a la misma sala. Al bajar, nos encontramos una fotocopiadora tan moderna que no sabíamos usarla (de esas que me recuerdan a una máquina del tiempo), al lado había una dispensadora de snacks y en el otro extremo, un dispensador de café. Amo la máquina del café, aunque lo único que compro es chocolate caliente. Más tarde, descubrimos un área de estudio más tranquilo al otro lado del "pasadizo secreto" que daba a los baños, todos los que se sentaban ahí se centraban en sus cosas y escaseaba la "gente de bar" (personas que van a la biblioteca a hablar de su vida, fomentar sus relaciones sentimentales y de todo menos estudiar). El pasadizo tenía una puerta al principio y al final, la primera da a "la zona relajada" y la segunda a "la zona del bar".
Una tarde en la decidí reservarme un poco de espacio personal porque simplemente quería soledad, se fue la luz. Ese día "la zona del bar" estaba llena, lo más sorprendente fue que nadie se movió. Yo como estaba memorizando el reinado de Felipe V y la oscuridad me permitía ver algo más allá de mi nariz, seguí como si nada. Me di cuenta de que sin luz estudiaba mejor, lástima que perjudique la vista.
A las siete solemos hacer un descanso, y como no se puede comer en las mesas bajábamos abajo (la zona del café y la máquina del tiempo), sin embargo, trasladamos nuestro recreo a la guarida, una especie de pasillo situada a mano derecha, antes de llegar a los baños y dentro del "pasadizo secreto". Es una franja bastante curiosa, hablas y aunque te oigan no tienen ni la menor idea de dónde se proyecta tu voz, miras hacia arriba y el techo parece un cielo nocturno sin estrellas, es como estar al aire libre sin sentir frío. Su estrechez hace que al pararnos estemos casi frente a frente (podríamos no estarlo, pero somos masocas corteses y nos gusta conversar cara a cara y no hombro a hombro). Ahora entiendo por qué a los niños pequeños les gustan las casitas aunque estén apretujados dentro, lo claustrofóbico aporta calidez para quien lo soporta.

Quinceañera

Ser una de las más pequeñas de la familia significa aceptar respuestas vacías como los "lo entenderás cuando seas mayor"; acudir a las graduaciones de tus primos y jugar con las copas de cristal que hay en la mesa porque estás sentada, mientras los recién graduados se lo pasan pipa en la pista de baile; contar los accesorios que luce tu prima en sus quince, el ritmo del vals, la extravagancia del vestido que se mueve como un vaivén, los numerosos invitados, la elegancia de los trajes...Todo es de cuento, pero no te pertenece. Ansias tu propia fiesta de quince años y aún estás en primero de primaria.
Por fin llegó ese día, 16 de octubre de 2013. Tenía claro que una fiesta de ese tipo no era posible porque en España no se celebran los quince años como si se tratara de una boda, es más, lo comprobé en el cumple de N, que es peruana (algunos iban con una camiseta de Adidas y unas deportivas). No pedía un vestido con vuelo, lentejuelas y purpurina, ni flores, ni una sesión de fotos en un jardín botánico, ni salir en el periódico, ni una tarta de cinco pisos, ni quinientos invitados en una sala de trescientos. Sólo quería pasar mis quince junto a mis amigos y mi familia (15 personas), ir a la bolera porque me chifla y que me tiren de las orejas. 
Según la tradición, los quince años es el paso de niña a mujer, se celebra a lo grande porque es como una excusa para decir: "tu hija ya creció". La verdad es que no sentí ningún cambio en mí, ni físico ni moral. Será por eso mismo que la minifiesta que planeé no se llevó a cabo. Me llamaron unas horas antes para decirme que no podrían venir. Me sentí mal, muy mal, porque me había ilusionado tanto que no podía aceptar que no tendría ni vestido ni bolera. Al final quedé por petición de mis dos mejores amigos y me reí muchísimo. Me sentí muy agradecida, ese día aprendí que un verdadero amigo es el que viene a tu cumple y te dedican el tiempo que jamás recuperarán aunque tengan que cenar con los tíos o tengan un parcial de Sociales el lunes a tercera.
Ahora tengo diecisiete y no sé qué pasa que comienzo a notar los síntomas de una quinceañera, noto que estoy cambiando, que ya no soy una nena. En cuestión de meses yo también tendré mi fiesta de graduación. También me explicaron que no se madura tanto de diecisiete a dieciocho como de dieciocho a veintiuno, tal vez debería de brindar por mis dieciocho, quizás lo mejor no ha llegado. 

domingo, 1 de febrero de 2015

Cartas

Una tarde calurosa y agitada de 2007
Llegué a casa de C (su casa era mi casa, se la vendimos cuando nos fuimos de Honduras). Aún me quedaban un par de semanas para el viaje, pero ya sabía que posiblemente sea la última vez que la vea, no diré en la vida, aunque muchas veces un "hasta luego" es un adiós. Corrí por las escaleras, ni rastro de ella. Me dijeron que se había ido al pueblo de al lado y que no volvería hasta dentro de unos días, la relación entre ambas familias no era extremadamente estrecha así que me tuve que aguantar. 
Quería dejarle al menos un mensaje, primero pensé en una carta, después vi una caja de tizas. Solía usar alguna puerta como "pizarra", entonces escribí una nota detrás de una de ellas. Era algo así:
"Querida C, he venido a visitarte y no estabas. Sólo quería despedirme y decirte que aprecio muchos los pequeños y breves momentos que hemos compartido. Nunca te olvidaré y espero que tú tampoco. Te quiero. Melissa". 
Desde ese día decidí escribirle una carta (no todas las puertas pueden ser mis pizarras) a todos aquellos de los me separaré, extrañaré, difícilmente vuelva a ver o cuyo propósito en mi vida haya concluido.

domingo, 25 de enero de 2015

Sonrisas

23 de mayo de 2014
Había quedado con una persona algo especial en Sol. Fue un día raro, una sensación como de miel y sal. Me sentía feliz porque presentí que sería una maravillosa tarde, y a la vez preocupada sin saber de dónde provenía esa preocupación. Extrañamente, el clima también estaba como yo, al cielo le daba por estar nublado por un momento, soleado e incluso mezclaba gotitas de lluvia con rayos del sol, aunque no para formar un arcoiris. En la estación, me encontré con ese ser humano, me alegraba mucho de verle, tenía cara de estar buscando a alguien, buscándome a mi. Me escondí detrás de él y le tapé los ojos a modo de sorpresa. Creo que él también se alegraba de verme. 
Andamos, intentaba sacar temas de conversación mientras que yo, debido a mis irregulares emociones, me limitaba a dar una respuesta a cada pregunta. Más tarde, me avisó de que iba a venir un conocido suyo. Ellos hablaban y yo no pintaba nada:
- ¿Te vienes?
+ Es que me tengo que ir dentro de nada.
- Yo también...
+ Entonces, ¿nos vamos?
- Supongo que me quedaré un rato más.
Me miraron y me preguntaron que si sabría volver a la estación sola, como me indicaron la dirección, respondí que sí. Me ofrecieron quedarme, pero me sentía incómoda, sentía que se aburría conmigo y yo le comprometía a quedarse. Le dije que me tenía que ir, me respondió un poco sorprendido: "¿Ya?". Me giré y caminé hasta la estación decepcionada. No fue tan maravilloso. Me monté en el tren con el modo zombie ON. Pensaba y pensaba, hasta que me di cuenta de que alguien me miraba y sonreía. Era una sonrisa bonita, ¿será lo maravilloso que presentía de esa tarde?
Una mañana cualquiera en Primero de Bachillerato
Estaba subiendo las escaleras con cara de cansancio y sueño, era temprano y la tercera planta estaba desierta. La mochila me pesaba y de repente siento que una pequeña fuerza me tira hacia atrás. Me di la vuelta y era Y, mi profe de Filo. Me sonreía como si hubiese sacado un diez en su examen y me susurró al oido: "Te voy a contar un secreto". Este acto intimidante se debe a que el día anterior, en su clase se puso a preguntarnos que qué parte de nuestro cuerpo nos gustaba más y después me acerqué a devolverle la pregunta. No me respondió, aunque finalmente tuve mi respuesta esa silenciosa mañana. ¿Adivinas qué me respondió? Shhh, es un secreto.

viernes, 23 de enero de 2015

Fiebre biológica

15 de febrero de 2013
Estaba ansiosa por la llegada de ese día, la celebración de la XI Olimpiada de Biología de la Comunidad de Madrid del COBCM. A las cinco teníamos que estar en Ciudad Universitaria (UCM), así que nos autorizaron para salir a la hora del recreo. No sé si los nervios me jugaron una mala pasada o había pasado una mala noche, me dolía la cabeza y me sentía débil, así que me ofrecieron un ibuprofeno. Seguía teniendo ciertas dificultades a la hora de tragarme las pastillas (ahora supongo que ya no), me quedé observando la pastilla. Después de sucesivos intentos, conseguí tomárla, ¡aleluya! Lástima que no notara su efecto. 
Sonó el timbre, G y yo nos largamos, por el camino me dijo que se leería el libro por encima para no ir "a pelo". Iba a hacer lo mismo, pero estaba cansada, eché la siesta en el sofá y cuando me desperté ya eran las dos, ¡Dios, seguía igual de mal! Tenía tiempo, habíamos quedado en RENFE a las cuatro. Comí despacio, con mi típica mordida de hámster (Hámster también es uno de mis pseudónimos, cuando mastico hincho mis mofletes). Antes de salir, ingerí otra dosis de ibuprofeno, esta vez sin problemas porque era súper tarde y tenía que acelerar el paso. 
A pesar de que Ciudad Universitaria estuviera lejos y el trayecto haya sido eterno, disfruté del viaje, miraba por las ventanas, a la gente...sobre todo, al llegar a la uni. La Facultad de Ciencias Biológicas estaba repleto de alumnos de cientos de institutos por todo Madrid. La biblioteca nos sorprendía, los espejos de los baños también (en mi insti no hay, por si a alguien le da por romperlos), diría que incluso el cubo de la fregona de la señora de la limpieza nos hubiese impresionado, estábamos atontadas. 
Finalizada la competición, pensé: "En dos años tengo que volver, no puedo esperar más". No había pensado en ganar, sólo en pasármelo bien, hasta que llegaron a mis oídos que existían colegios que preparaban a sus alumnos para este tipo de concursos para alcanzar fama. No era nada nuevo, típico, colegios que intentan demostrar que son mejores a base de méritos. Brotó mi actitud competitiva. 
23 de enero de 2015
Estos dos años no fueron tan extensos, es más, se me pasaron volando. La XIII Olimpiada de Biología será el 6 de Febrero en Cantoblanco (UAM), la locura que estoy haciendo es fundirme el libro de la asignatura y participar como si se tratase de un simulacro de las PAU. Vuelvo a estar emocionada y nerviosa, espero que no me vuelva a dar fiebre. 

jueves, 22 de enero de 2015

Campos de concentración

He oído hablar sobre libros como El diario de Ana Frank o El niño con el pijama de rayas, que tratan el tema de la persecusión de los judíos y campos de concentración, pero nunca había leído novelas de este tipo. Y da la casualidad de que me han mandado leer El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl. Jamás imaginé que la vida de los personajes de estos libros, basados en hechos reales, sería tan dura, tan torturadora. En él, el protagonista describe lo que observa a su alrededor, narrando lo que le sucede, su miedo, desesperación y dolor: aire pesimista, conocidos que mueren a diario, hambre, condiciones infrahumanas...
También nos cuenta que diferencia varias fases desde que uno entra a ese horroroso lugar. Primero el shock producido por ese territorio hostil y recargado de injusticia. La segunda fase es la de "asimilización", evidentemente se da sólo en los que han sobrevivido a la primera elección (algunos son enviados a la cámara de gas y otros a trabajar), es una fase en la que los sentimientos del narrador pierden fortaleza, nada le impresiona ni le duele como en la primera fase. Menciona una última fase a la que aún estoy por descubrir.
Me siento algo identificada, sí, a lo mejor soy un poco exagerada. Un campo de concentración me hace pensar en Segundo de Bachillerato. Hay cursos más complicados, no lo niego. Lo especial de este año es que es como el inicio de nuestra verdadera vida estudiantil y VIDA en valores absolutos, un año en el que nos damos cuenta por primera vez de que los estudios no son ninguna tontería, de que quien no trabaja se queda fuera, de que estamos cambiando. Es como un campo de concentración en el que primero alucinamos con lo que contemplamos y después, los fines de semana en compañía de los libros ya no nos hacen llorar. Están quienes se desaniman y se suicidan lanzándose contra la alambrada, otros con una actitud pasiva de "he tirado la toalla pero sigo aquí", y los que rezan a San Pancracio que encuentran motivos para seguir de donde no los hay y esperanza de que algún día serán liberados. Tal vez lo que haya mañana sea liberación, o quizás lo que toque sea la cámara de gas (Universidad). Quién sabe...Ojalá que la tercera fase me sorprenda.

lunes, 19 de enero de 2015

Una clase especial de Psicología

Desde que empezamos el curso, la relación de las dos tristes clases de segundo de Bachillerato no ha sido demasiado amistosa. Pero nuestro compañerismo sí que cayó por los suelos en esa clase tan particular. La profe nos separó en tres grupos, cada uno de ellos correspondiente a un itinerario: Sociales, Humanidades y Ciencias (de la Salud, los del Tecnológico tienen Matemáticas en lugar de Psico). La actividad consistía en criticar razonar sobre si lo que estudiaban los de Letras era ciencia. Los de Letras, obviamente, afirmaron que sí. En cuanto a los de ciencias, nuestro "portavoz", sin consultarlo antes con nosotros, explicó que no era ciencia lo que estudiaban los otros (sin intención de ofender) porque no aplicaban el cálculo matemático ni el método científico, fue la gota que colmó el vaso.
Entonces, es cuando ahí se montó la de Dios. Éramos siete personas metidas en una clase ajena con casi otras siete personas, pero al cuadrado. Nos dirigieron una mirada agresiva, empezaron a saltar defenderse y a inventarse barbaridades como: "En Sociales también tenemos Mate, sois de Ciencias pero no estudiais Matemáticas. De mis Matemáticas sale tu Química"; "En realidad estudiar Humanidades es más complicado porque se estudia al hombre y este está en continuo cambio"; "Es que todo el mundo debería estudiar griego, de lo que estudiamos sale el resto de saberes, es la base de todo"; "Puede que no sepa resolver tus problemas de Química, pero ahora te tiro un diccionario de griego y tampoco entenderás nada", mientras se aplaudían entre ellos, en fin...
Ahora nos odian o creen que les odiamos, lo único en que nos apoyamos es cuando la de psico nos llama "los del sur", a veces le vacilamos de vuelta y respondemos que "somos del sur" cuando hace una pregunta que parece retórica porque nadie responde. En esa clase aprendimos Psicología como nunca.


viernes, 16 de enero de 2015

Perdida entre la oscuridad

Era una tarde fría y húmeda de otoño que no se diferenciaba de una de invierno. Era concretamente Halloween, 31 de octubre. Todos los años en ese día sentía el gusanillo de salir a pedir caramelos por los recuerdos de mi fabuloso Halloween en 2002, cuando aún creía en hadas, unicornios y varitas mágicas. Vivía en un mundo de color rosa, era una niña completamente inocente y mi propósito era volver a vivir ese 31 de octubre aunque no elegí a los más adecuados. Salí con unos compañeros de clase por invitación de uno de ellos con la que me llevaba medio bien.
Desde las siete de la tarde estuvimos timbrando de casa en casa para lo del "truco o trato", cada puerta era más dura que la anterior y los dulces...¿qué dulces si sólo recibíamos viento fresco, portazos y excusas? Después, pasamos cerca del insti desanimados, nos encontramos con otros chicos de nuestra edad disfrazados de personajes de relación "directa" con la fecha, como un cirujano o un policía, que habían tenido más éxito "mendigando" chuches que nosotros que estábamos adaptados al ambiente tenebroso.
No tenía en ese entonces móvil ni reloj, sin embargo, sabía que era tarde, así que les dije que me tenía que ir (y porque era una mierda aburrido), obviando que me acompañarían a casa y timbrarían cerca de ahí. No fue así, se negaron a hacerlo o al menos mostraron una cara de indiferencia o pena. Quería sentirme fuerte y regresar sola a casa, pero estaba perdida. No pude controlarme y lloré como una desgraciada, no tenía ni idea de dónde estaba, no podía avisar a nadie, estaba a punto de llover, tenía 10 años...Aún así, sólo uno de ellos (la que me invitó al evento) se preocupó en decirme que me ayudaría.
Desde aquella vez, L se convirtió en una de mis mejores amigas y en ocasiones me acuerdo de este día. Sé que se quería quedar con los otros y a pesar de ello me acompañó a casa. Para los otros era como un cero a la izquierda, no les volví a pedir nada y en 2015 son ellos quienes me piden favores y yo las que los rechaza. Si saben contar (sí, y bastante bien), que no cuenten conmigo. Es una tontería, mas nadie entenderá lo que sentí.

viernes, 2 de enero de 2015

Comer por comer

Está muy de moda lo de adelgazar, pesar 40 kilos, marcar costillas y seguir una dieta basada en comida "de hámster" (aunque estos pequeñines estén rellenitos y como bolitas de arroz) como el muesli y otras invenciones como la Cocacola Light. Pero, ¿las dietas son sólo para adelgazar? Las dietas que catologo como "radicales" sí, de esas que mandan a freír morcillas la gastronomía y nos dejan, básicamente, con una botella de agua mezclada con fibra vegetal. Sin embargo, otras dietas como la mediterránea, más que para perder peso sirven para controlarlo. Lo bueno es que jamás te sientes hinchada (y sin necesidad de Activia), evitas grandes comilonas y el chocolate sabe mucho mejor.
En ocasiones miro con ojos golosos bolsas de aperitivos tamaño industrial y nubes en un empaque similar a una almohada tierna y suave que me desearía dulces sueños. No obstante, prefiero ingerir cantidades reducidas porque cuando hay poco se aprecia más y no siento que estoy cometiendo una falta de respeto hacia la comida. Cuando sólo tengo dos galletas danesas encuentro el sabor a mantequilla, me doy cuenta de que hay naranja junto al cacao y cuando toda la caja está a mi disposición, son masas con forma, horneadas y hechas con harina, huevo y mantequilla (porque lo pone en la tabla nutricional que tanto me gusta observar).
Detesto comer por comer, para ejercitar los músculos de la boca, estar llena y seguir como si no lo estuviera. Digamos que la única manera de recrear el marco de las dos galletas danesas sea seguir una dieta, sin ser "roedora" pero que evite que las patatas fritas me acaben sabiendo más a sal y a aceite porque tenga en mente vaciar la bolsa.