"No importa de dónde vienes, sino a dónde vas".

"Si puedes soñarlo puedes hacerlo".

viernes, 2 de enero de 2015

Comer por comer

Está muy de moda lo de adelgazar, pesar 40 kilos, marcar costillas y seguir una dieta basada en comida "de hámster" (aunque estos pequeñines estén rellenitos y como bolitas de arroz) como el muesli y otras invenciones como la Cocacola Light. Pero, ¿las dietas son sólo para adelgazar? Las dietas que catologo como "radicales" sí, de esas que mandan a freír morcillas la gastronomía y nos dejan, básicamente, con una botella de agua mezclada con fibra vegetal. Sin embargo, otras dietas como la mediterránea, más que para perder peso sirven para controlarlo. Lo bueno es que jamás te sientes hinchada (y sin necesidad de Activia), evitas grandes comilonas y el chocolate sabe mucho mejor.
En ocasiones miro con ojos golosos bolsas de aperitivos tamaño industrial y nubes en un empaque similar a una almohada tierna y suave que me desearía dulces sueños. No obstante, prefiero ingerir cantidades reducidas porque cuando hay poco se aprecia más y no siento que estoy cometiendo una falta de respeto hacia la comida. Cuando sólo tengo dos galletas danesas encuentro el sabor a mantequilla, me doy cuenta de que hay naranja junto al cacao y cuando toda la caja está a mi disposición, son masas con forma, horneadas y hechas con harina, huevo y mantequilla (porque lo pone en la tabla nutricional que tanto me gusta observar).
Detesto comer por comer, para ejercitar los músculos de la boca, estar llena y seguir como si no lo estuviera. Digamos que la única manera de recrear el marco de las dos galletas danesas sea seguir una dieta, sin ser "roedora" pero que evite que las patatas fritas me acaben sabiendo más a sal y a aceite porque tenga en mente vaciar la bolsa.

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