"No importa de dónde vienes, sino a dónde vas".

"Si puedes soñarlo puedes hacerlo".

domingo, 25 de enero de 2015

Sonrisas

23 de mayo de 2014
Había quedado con una persona algo especial en Sol. Fue un día raro, una sensación como de miel y sal. Me sentía feliz porque presentí que sería una maravillosa tarde, y a la vez preocupada sin saber de dónde provenía esa preocupación. Extrañamente, el clima también estaba como yo, al cielo le daba por estar nublado por un momento, soleado e incluso mezclaba gotitas de lluvia con rayos del sol, aunque no para formar un arcoiris. En la estación, me encontré con ese ser humano, me alegraba mucho de verle, tenía cara de estar buscando a alguien, buscándome a mi. Me escondí detrás de él y le tapé los ojos a modo de sorpresa. Creo que él también se alegraba de verme. 
Andamos, intentaba sacar temas de conversación mientras que yo, debido a mis irregulares emociones, me limitaba a dar una respuesta a cada pregunta. Más tarde, me avisó de que iba a venir un conocido suyo. Ellos hablaban y yo no pintaba nada:
- ¿Te vienes?
+ Es que me tengo que ir dentro de nada.
- Yo también...
+ Entonces, ¿nos vamos?
- Supongo que me quedaré un rato más.
Me miraron y me preguntaron que si sabría volver a la estación sola, como me indicaron la dirección, respondí que sí. Me ofrecieron quedarme, pero me sentía incómoda, sentía que se aburría conmigo y yo le comprometía a quedarse. Le dije que me tenía que ir, me respondió un poco sorprendido: "¿Ya?". Me giré y caminé hasta la estación decepcionada. No fue tan maravilloso. Me monté en el tren con el modo zombie ON. Pensaba y pensaba, hasta que me di cuenta de que alguien me miraba y sonreía. Era una sonrisa bonita, ¿será lo maravilloso que presentía de esa tarde?
Una mañana cualquiera en Primero de Bachillerato
Estaba subiendo las escaleras con cara de cansancio y sueño, era temprano y la tercera planta estaba desierta. La mochila me pesaba y de repente siento que una pequeña fuerza me tira hacia atrás. Me di la vuelta y era Y, mi profe de Filo. Me sonreía como si hubiese sacado un diez en su examen y me susurró al oido: "Te voy a contar un secreto". Este acto intimidante se debe a que el día anterior, en su clase se puso a preguntarnos que qué parte de nuestro cuerpo nos gustaba más y después me acerqué a devolverle la pregunta. No me respondió, aunque finalmente tuve mi respuesta esa silenciosa mañana. ¿Adivinas qué me respondió? Shhh, es un secreto.

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