"No importa de dónde vienes, sino a dónde vas".

"Si puedes soñarlo puedes hacerlo".

lunes, 2 de febrero de 2015

Quinceañera

Ser una de las más pequeñas de la familia significa aceptar respuestas vacías como los "lo entenderás cuando seas mayor"; acudir a las graduaciones de tus primos y jugar con las copas de cristal que hay en la mesa porque estás sentada, mientras los recién graduados se lo pasan pipa en la pista de baile; contar los accesorios que luce tu prima en sus quince, el ritmo del vals, la extravagancia del vestido que se mueve como un vaivén, los numerosos invitados, la elegancia de los trajes...Todo es de cuento, pero no te pertenece. Ansias tu propia fiesta de quince años y aún estás en primero de primaria.
Por fin llegó ese día, 16 de octubre de 2013. Tenía claro que una fiesta de ese tipo no era posible porque en España no se celebran los quince años como si se tratara de una boda, es más, lo comprobé en el cumple de N, que es peruana (algunos iban con una camiseta de Adidas y unas deportivas). No pedía un vestido con vuelo, lentejuelas y purpurina, ni flores, ni una sesión de fotos en un jardín botánico, ni salir en el periódico, ni una tarta de cinco pisos, ni quinientos invitados en una sala de trescientos. Sólo quería pasar mis quince junto a mis amigos y mi familia (15 personas), ir a la bolera porque me chifla y que me tiren de las orejas. 
Según la tradición, los quince años es el paso de niña a mujer, se celebra a lo grande porque es como una excusa para decir: "tu hija ya creció". La verdad es que no sentí ningún cambio en mí, ni físico ni moral. Será por eso mismo que la minifiesta que planeé no se llevó a cabo. Me llamaron unas horas antes para decirme que no podrían venir. Me sentí mal, muy mal, porque me había ilusionado tanto que no podía aceptar que no tendría ni vestido ni bolera. Al final quedé por petición de mis dos mejores amigos y me reí muchísimo. Me sentí muy agradecida, ese día aprendí que un verdadero amigo es el que viene a tu cumple y te dedican el tiempo que jamás recuperarán aunque tengan que cenar con los tíos o tengan un parcial de Sociales el lunes a tercera.
Ahora tengo diecisiete y no sé qué pasa que comienzo a notar los síntomas de una quinceañera, noto que estoy cambiando, que ya no soy una nena. En cuestión de meses yo también tendré mi fiesta de graduación. También me explicaron que no se madura tanto de diecisiete a dieciocho como de dieciocho a veintiuno, tal vez debería de brindar por mis dieciocho, quizás lo mejor no ha llegado. 

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