"No importa de dónde vienes, sino a dónde vas".

"Si puedes soñarlo puedes hacerlo".

martes, 10 de marzo de 2015

Cuentos

Una noche lluviosa de 2007
Tenía fiebre y faringitis, vomitaba todo lo que comía y me negaba a tomar la medicación, tuve un intento, pero lo eché fuera. Me volvieron a ofrecer comida y jarabe, negué todas las propuestas, no quería nada excepto dormir y que me dejaran en paz.
Después, se acercó mi tío a verme: "no puedes seguir así, tienes que comer algo y tomárte el jarabe". Entonces llegamos a un acuerdo, él me contaría tres cuentos si me comprometía a hacer lo que me dijeron. Algunas noches me contaba cuentos (normalmente uno o dos, tres era un lujazo), no eran de los clásicos como "Los tres cerditos" o "La Cenicienta" porque ya me los sabía de pe a pa, eran diferentes y por eso me atraían. Él fue profesor de Matemáticas aunque su vocación de joven era ser escritor.

Un domingo de febrero de 2015
Durante la semana me puede pasar de todo pero el domingo es el domingo y está reservado para mi familia, salgo con ellos todos los domingos por la tarde. Estábamos paseando por el Retiro, y al llegar al lago recibimos una llamada internacional (tenía más de diez dígitos), era mi cuentacuentos. Me pasaron el teléfono, le informé sobre hechos recientes de mi vida y acabó contándome un cuento relacionado con lo hablado: "Érase una vez un animal que quería llegar al otro lado de un río. Estaba a punto de tirarse al agua, pero otro animal le intentó alertar diciendo que hace unos días otro animal había hecho lo mismo para cruzar el río y murió ahogado. El primer animal se lo pensó mejor, se le ocurrió arrojar una piedra para determinar la profundidad del agua. Decidió lanzarse y terminó sano y salvo al otro lado".
La moraleja de este cuento es que no hay que tener tan en cuenta lo que nos dice la gente, por supuesto que hay que valorar los consejos y compartir opiniones, pero en última instancia somos nosotros los que decidimos. También hay que recordar que cada uno es diferente y lo que le pase al de al lado no tiene por qué pasarnos. A lo mejor el de al lado es como el animal que se ahogó por no tirar la piedra y tirarse por la parte más honda, o quizás era más pequeño y el agua le cubría entero. En fin, hay cosas que uno tiene que descubrir por sí mismo, y de manera segura claro.
Hoy en día me siguen gustando sus cuentos, rechazaría los medicamentos y la comida en mis ratos enfermizos sólo por dejarme sobornar por ellos.

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