"No importa de dónde vienes, sino a dónde vas".

"Si puedes soñarlo puedes hacerlo".

sábado, 9 de mayo de 2015

Sin nombre

Una mañana estaba andando por el pasillo de mi casa cuando la puerta de la habitación de mi hermana estaba abierta. Iba a pasar de largo pero el cuarto me llamaba, me decía: "Melissa, ven, ven",  y entré. Me tiré en la cama y estuve tumbada por unos minutos. Luego me estiré y me quejé de lo que me esperaba esa tarde. Después lo vi, vi a Lulú o...Taylor o...Avery. Es un pez de color naranja, de unos cuatro centímetros que mi hermana se compró por capicho. En cuanto a la pluralidad de nombres, es porque desconecemos el sexo de nuestro pequeñín, yo propuse llamarle Lulú pero como yo soy Mercurio y ella es Neptuno no le agradó el nombre. Para rechazar mi propuesta, ofreció un nombre masculino que se me ha olvidado (se nota que no consiguió mi aprobación). Y claro, surgió la duda de la sexualidad de mi Lulú, así que seguimos buscando un nombre unisex por si algún día descubrimos que es del sexo contrario y nos muerde.
Frente a mis lamentos y lloriqueos, SN (sin nombre)- sí, no es que la entrada no tenga nombre, es que se llama Sin Nombre-, estaba nadando a una velocidad que cualquiera diría que estaba en una competición de natación, lo hacía describiendo circunferencias concéntricas, respetando la forma del recipiente. Mostraba alegría, felicidad, hiperactividad, energía...
Pensé que era un deseo momentáneo de SN, como el que tuvo mi hermana cuando lo compró, sin embargo, es su forma de ser, está todo el día así. De vez en cuando me acerco a la pecera para verle, su energía cinética se transforma en mi energía vital para cumplir con lo debo y dejarme de quejas. Es gracioso, acerco mi dedo al agua para ver si reacciona, nada hasta la superficie y hace un movimiento raro con la boca, como quien se toma fotos con morritos para el Instagram, me gusta saber que es consciente de mi existencia.

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