"No importa de dónde vienes, sino a dónde vas".

"Si puedes soñarlo puedes hacerlo".

martes, 16 de junio de 2015

Mi experiencia con SELECTIVIDAD

No suelo escribir con mayúsculas pero...HE ACABADO SELECTIVIDAD. Pensé que sería peor pero acabé echando de menos ir hasta la Universidad, subir a clase y esperar a que nombraran a toda la coalición de los Díaz y los Domínguez para poder entrar. Pasó como una estrella fugaz y ahora que tengo todo el tiempo del mundo siento un vacío que aún no sé rellenar.
El primer día fue el más intenso de todos, apenas había dormido, sin embargo la preocupación que llevaba encima me mantenía en pie y con una carga de adrenalina. La noche anterior me aseguré de echar todo lo que "me hacía falta" en el bolso (por la mañana me había sangrado la nariz, no sé si por calor o por nervios): DNI, un abanico (para calmarme), chocolate (para depresiones y posibles bajadas de azúcar), resúmenes para aportar seguridad, auriculares para perderme entre melodías, el recibo de pago...Por la mañana mi padre me hizo el desayuno y me llevó en coche, siguiendo las órdenes del GPS. Había tráfico y nos quedaban aproximadamente dos kilómetros cuando nos confundimos de calle, lo cual significaron más kilómetros y más desesperación.
Una vez ahí cada uno iba a su respectiva clase de la mano de la profe, como una madre llevando a sus hijos al cole; yo fui la última en soltarla. Mi clase estaba en la primera planta del cuarto edificio, detrás de una puerta que daba a un largo pasillo, al cual le llegaba luz por unos grandes ventanales. Todos estaban repasando, pero yo me senté a escuchar música para no agobiarme. De repente el de al lado me habló, y estuvimos barajando lo que podía caer en cada asignatura hasta que empezó el llamamiento. Después de dejar las cosas en la tarima del aula, me eché colonia para evitar la sudoración de las manos. Nos habían dado un buen rato para hacer ejercicios de relajación y rezar a San Pancracio. Minutos antes de que empezaran a repartir los exámenes, charlé con la chica que estaba detrás, ella tampoco había dormido anoche.
El examen de Lengua fue el primero y noté que lo fue, mi mano aún se estaba adaptando al boli y no daba más de sí, tardé media hora en escribir la literatura, era como escribir con la mano congelada por el frío del invierno. Después venía el tomate, Historia y/o Filo, pero una vez terminado, todos estaban en el césped disfrutando del preveraneo, el hambre había erradicado los repasos; Inglés era Inglés.

El segundo día sólo tuve el de CTM (Ciencias de la Tierra y Medioambientales) por la tarde, que fue inaugurado con una fuerte e inesperada lluvia. En dos minutos tenía medio cuerpo empapado y el agua caía más deprisa que en la alcachofa de la ducha. No nos lo esperábamos porque a pesar de que no hacía un sol espléndido, no pensamos que podría llover, y tanto. Aunque fue realmente divertido correr bajo la lluvia chillando y soltando carcajadas porque alguien había saltado un charco sin querer.
Al llegar al edificio ya estaba completamente mojada. La profe venía con una amiga, quien antes de saludarme puso la mano en mi pantalón para comprobar si estaba así porque era un diseño particular. No, no lo era. Intenté secarme con la secadora del baño, era inútil, seguía como un pollito recién nacido. Mis zapatos estaban tan encharcados que preferí quitármelos e ir descalza. Para colmo, el aire acondicionado estaba encendido, era escribir una frase y estornudar, escribir otra y mucosear. Raramente, volviendo en tren ya estaba seca otra vez, el sol volvió a salir y el cielo comenzó a despejarse.
En cuanto al último día, no estaba para nada nerviosa. Había llegado incluso a hacer amigos, con los que grabé un vídeo despidiéndonos de la PAU. El infierno había dejado de existir, no obstante, más que felicidad sentí unas ganas tremendas de volver a casa y, sobre todo, nostalgia: "Todo ha acabado, ¿y ahora qué?".

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