"No importa de dónde vienes, sino a dónde vas".

"Si puedes soñarlo puedes hacerlo".

lunes, 20 de julio de 2015

Venecia

13 de marzo de 2015
Eran las cinco de la mañana y soñó una de las alarmas. Molestaba. Pero las mantas nos abrazaban fuertemente impidiéndonos pulsar el botón de desactivar/aplazar. No nos levantamos hasta que la profe tocó a la puerta para comprobar que no había habido ninguna fuga de alumnos. A pesar de que a las dos de la mañana había dado dos puñetazos en la pared para avisar a los de al lado de que no era un horario apropiado para mover sillas, mesas y soltar carcajadas (las risas eran lo normal dentro de lo indecente, estaban echando champú, gel de ducha y pasta de dientes a los inocentes), había dormido genial, sólo cuatro horas pero como un angelito. De desayunar había poca variedad: croissants, café, chocolate, zumo, bizcocho, cereales y pan. En el buffet había una misión importante: conseguir provisiones para el resto del día, cosa que fui incapaz de hacer.
Luego, fuimos a dar otro paseo por la playa. El sol, cálido pero no abrasador, había puesto al descubierto las conchas enterradas en la blanquecina arena. El ambiente era tan simpático que quise llevarme parte de él en una botella. Al abandonar las orillas del Adriático, nos dirigimos al autobús de Ramón, que nos llevaría al puerto donde cogeríamos el vaporetto a Venecia. La entrada a la ciudad fue acompañada de niebla, que la hacía más interesante al actuar como un mantel en una exposición de cuadros. Venecia, como describía una de mis compañeras, "es como Madrid pero por cada paso de peatones, en Venecia es un puente". Por otro lado, gran parte de los regalos los compramos aquí, nadie se fue sin dos bolsas cargadas de máscaras, antifaces, imanes o figuras.
A lo largo del día nos ofrecieron decenas de veces palos de selfies, y finalmente los vendedores, de tanto insistir e insistir, consiguieron vender varios: "la profe estrenando su palo de selfie era como un niño con un juguete nuevo". También nos encontramos con parejas que estaban haciendo sesiones de fotos, incluso arrastrando un largo y precioso vestido blanco, ¿no es de cuento? Ya por la noche mientras regresábamos al puerto, unos hombres estaban cantando en un idioma que no identifiqué y bailando en círculo con panderetas en las manos. Acabamos uniéndonos a ellos, fue lo más divertido de todo el día. Al llegar al puerto estaba anocheciendo y el cielo mostraba una bolita roja-aranjada. Saqué la cámara para una última captura, ti-ti-ti, se apagó. Adiós Venecia, me quedo con la imagen de tus canales y mi sudadera verde de "I love Venezia" :) Estábamos fritos, en lugar de un barco de personas parecía uno de mercancía. La canción del fondo, I follow rivers, parecía una de esas que ponen al final de las películas: (I-I follow, I follow you deep sea baby), era ideal. 
En el hotel, un joven de otro grupo había arrojado un mechero que casi le da a A, a quien tuvimos que calmar antes de que dejara al chico sin descendencia. La cena era excesivamente original, más pasta y más pollo. Después de comer, contribuímos a ocupar todas las sillas y sofás de la recepción, único sitio donde había wifi.

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