"No importa de dónde vienes, sino a dónde vas".

"Si puedes soñarlo puedes hacerlo".

lunes, 10 de agosto de 2015

Violeta

He pasado de tener una habitación diseñada para disponer del máximo número de metros cuadrados posibles y hacer el pino-puente, a una en la que los muebles estorban y dividen el cuarto en tres zonas: la del descanso, la zona wifi y la zona con un aire a secretariado. Este es uno de los cambios que necesito cada cierto tiempo, me gusta la novedad, el contraste, aunque sólo sea cambiar de champú o de funda de móvil. Eso es, cambio, el violeta, además de ser símbolo del linfoma de Hodgkin, también representa el cambio. Por eso, el blog ha pasado de ser naranja a ser violeta, porque mi nueva habitación no será lo único que cambie, quiera o no. Por otro lado, las figuras de los pájaros de los laterales preparándose para el vuelo son un fiel reflejo de mí.
El mes pasado pisé por primera vez la facultad, donde tuve mi primera toma de contacto con la vida fuera del cascarón. Estuve a punto montarme en dos trenes equivocados y caminaba como una cría perdida intentando encontrar a su madre. Cuando salí de la boca del metro me sentí muy pequeña, supongo que no por mi baja estatura sino por el área comercial de las cuatro torres y el gigantesco hospital. Según Google Maps la universidad estaba a siete minutos andando, así que seguí las órdenes del navegador agarrando el teléfono como un explorador en busca del tesoro. Después de bordear el hospital y encontrarme con un McDonalds lleno de médicos y enfermeros, llegué. Por supuesto, la aventura nunca acaba, al lado de la entrada había un mapa del recinto que mostraba un par de edificios enumerados. La verdad es que di los siguientes pasos al tún-tún, sin embargo, me llevaron hasta la puerta de cristal del decanato. Ya dentro, entré por otras dos puertas erróneas hasta toparme con la de Gestión de alumnos. 
Al salir me brotó el síndrome del preuniversitario, tengo miedo de no poder afrontar la universidad, de no hacer amigos, de las novatadas...Pasaré de tener confianza con el director y los profesores a enfrentarme a un decano y otros maestros que posiblemente no sepan nunca cómo me llamo; tendré que acostumbrarme a un vocabulario culto con palabras como "merman" o "exención"; iré a clase por la tarde después de quince años yendo por la mañana; viajaré en tren sin controlar los transportes públicos; estudiaré una carrera en un lugar que no sé si me agradará, sin saber si hice una buena elección y sin la certeza de si algún día haré lo que verdaderamente me atrae; y sobre todo, haré todo sin ayuda. Es un antes y un después, una etapa con grandes cambios...En el océano de mis pensamientos se reprodujo la letra paródica de una canción inventada con K en los inicios del instituto:
"Cuando llegué aquí
creí que todo era guay,
ahora que estoy aquí
sé todo lo que hay".
     
"Tu vida no comienza hasta que haces algo grande".

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