"No importa de dónde vienes, sino a dónde vas".

"Si puedes soñarlo puedes hacerlo".

jueves, 24 de diciembre de 2015

Vallas

Tarde-noche de otoño-invierno 
Empezó siendo un día tranquilo entre melodías clásicas y románticas, suelos con hojas con tonos amarillentos y rojizos, un lago con barcos y un reloj analógico a lo lejos, que apuntaba hacia las 17:52. A pesar de que estuvimos toda la tarde juntos, sólo nos había dado tiempo a debatir sobre las fases de la luna, que por cierto estaba en cuarto menguante, y a ver gente haciendo pilates en compañía de pelotas de colores (siempre he querido una de esas). Cuando oscureció del todo, anduvimos hacia una de las salidas del parque. Se nos ocurrió atravesar un camino tétrico y siniestro que creí recordar en alguna de mis pesadillas en las que salían fieras de los árboles. La oscuridad era tan tenue que no me permitía ver más allá de mi nariz. Los objetos de mi alrededor parecían dibujos tridimensionales e irreales. Eso me hizo pensar en mi pasado, mi pasado ya no existe. Si mi pasado fuese una habitación estarían las luces apagadas, porque ya pasó, ya no importa, sólo queda lo abstracto, las anécdotas y los recuerdos.
Más tarde, acabamos yendo a la pirámide de cuerdas, nuestra pirámide. Subimos hasta la parte de arriba y nos tumbamos. Desde esa perspectiva se veían las estrellas, las cuerdas entrecruzadas y el vértice de la pirámide, era una combinación magnífica. Teníamos la intención de quedarnos un rato, pero nos pasamos un poco de tiempo. Llegar unos minutos tarde nunca había sido un problema muy gordo, la cuestión era que las puertas estaban cerradas, ¡nos quedamos encerrados! M dijo que nos saltáramos la valla, algo que para mí fue poco viable porque jamás había llegado siquiera a plantearme la posibilidad de saltarme una. La inseguridad y los ánimos de las pocas personas al otro lado de la valla me convencían para quedarme a dormir una noche en la pirámide:
- "¡Qué peligro!".  ¿Y a ti que te importa? Vete a tu casa.
- "Voy a llamar a la policía".  ¿Ah sí? ¿Por quedarme encerrada en un parque?

No obstante, en momentos así la desesperación puede con todo. Sí, ¡he saltado mi primera valla (espero que sea la última)!

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