"No importa de dónde vienes, sino a dónde vas".

"Si puedes soñarlo puedes hacerlo".

domingo, 22 de mayo de 2016

Ángeles en la nieve

Una tarde cualquiera de invierno de 2002. Toronto, Ontario. 
Mis padres finalmente se han hartado de compartir casa con esos universitarios de la planta de arriba, y decidieron mudarse a un barrio situado a unos veinte minutos. Me caían bastante bien, aunque eran unos irresponsables, una vez dejaron un plato de comida en la cocina y desaparecieron del mapa por una semana, entonces dudas si tirarlo porque se va a pudrir o dejarlo porque no es de tu propiedad. Este barrio me gusta mucho más, hay más vecinos alrededor, el colegio está a tres minutos andando, hay un parque con columpios al lado de un río...Ahora comparto casa con una pareja con dos hijos: Joyce y Kevin, que van conmigo a clase. 
La profe es muy amable, se apellida D'Souza, tiene el pelo corto y rubio y cuida mucho de mí, de la alumna nueva. Unos días más tarde, conocí a mi primera mejor amiga, con la que pasaba tardes comiendo helado de vainilla (sí, con ese clima tan frío) e imitando a los personajes de una novela, y recreos intentando hacer muñecos de nieve. Nunca conseguíamos hacer uno entero, hacer una bola de nieve cuesta más de lo que uno cree, así que una vez nos quedamos después de clase para dar vida a nuestro primer muñeco de nieve. Al acabar, nos tumbamos y empezamos a hacer ángeles en la nieve. Era muy relajante, el abrigo me protegía del frío pero dejaba sentir un pequeño frescor que recorría mi pequeño cuerpo. Era un momento de auténtico silencio, paz y tranquilidad, como si fuésemos las únicas personas del mundo. En ese momento sólo existía un sentimiento: la alegría de tener una buena amiga.