"No importa de dónde vienes, sino a dónde vas".

"Si puedes soñarlo puedes hacerlo".

sábado, 13 de agosto de 2016

Estrellas de papel

Una tarde cualquiera de verano de 2006. Tegucigalpa, Honduras. 
Desde que mis primos se fueron a estudiar a los Estados Unidos, sus habitaciones eran como un museo lleno de reliquias. Me encantaba hurgar en ellas, porque aparte de que conseguía aumentar mi material escolar enormemente, cada objeto me decía algo de ellos. Sé que eran del Motagua (un equipo de fútbol) por una hucha de cerámica con forma de la mascota del club: el águila. También eran fieles amantes de la GameCube, Pokémon y Mario Bros, y bueno, no son malos escribiendo cartas amorosas.
Esta vez intenté, como siempre, averiguar el número secreto de los cajones con candados; volví a fallar. Luego, me dio por coger una carpeta de acordeón con cuadros amarillos. Había unos cuantos papeles, en el fondo seguían estando los separadores de colores y estaba un poco sucio, así que subí a la terraza a lavarla.
Al bajar, no encontré a mi tía por ningún sitio. Resulta que estaba con mi madre de compras, pensó que estaba durmiendo y por eso no me había avisado. Me dijo que las esperara, que volvería muy pronto y que una siesta haría que el tiempo pasara más rápido.

1 de julio de 2016
Según muchos, me considero una persona paciente, porque no me estreso cuando se me enredan los auriculares, o cuando no sé qué ponerme para una fiesta. Tampoco me importa estar horas haciendo una piñata de Minions, días haciendo ganchillo, o semanas esperando un pedido de Aliexpress. Pero hay esperas que matan, que aunque estés acostumbrada a resolver sudokus difíciles y tengas paciencia, consiguen que desistas. Quizás mi tía tenía razón, a veces hay que hacer que la espera sea menos pesada, o que al menos te haga pensar que por esperar algo ese algo llega.
Cuando no puedes echarte una siesta eterna para no acabar desganado, sólo puedes ir llenando un tarro de cristal con una estrella de papel por cada día que pasa. Convencerte de que cuando lleguen al tope, la espera habrá acabado, y que mientras más estrellas, mejor quedará el tarro.