"No importa de dónde vienes, sino a dónde vas".

"Si puedes soñarlo puedes hacerlo".

martes, 19 de agosto de 2014

Y lo vi llorar

Era la última madrugada restante en aquel inolvidable lugar, mi tierra natal, Honduras. Como previo a cualquier otro viaje, mi despertador personal, mamá, interrumpió mi sueño a las seis de la mañana. Será que evitaba caer en depresión, automáticamente me dispuse a cepillarme los dientes, vestirme y demás sin dedicar ni segundos en pensar que me iba.
Después, salí a la terraza, el sol se asomaba por la colina. Me avisaron de que era la hora. Respiré hondo un par de veces, llenando mis pulmones de aire catracho, ahora sí que es la hora, pulmones cargados y maletas pesadas. De camino al aeropuerto, contemplé cómo se aclaraba el día y cómo los coches iban armando entre todos un rompecabezas completo en la carretera. El tráfico, el gallo de la ciudad que anuncia el comienzo de cada día, es un dato memorable y agradable sólo cuando no quieres desenterrarte de un sitio, alarga el tiempo...
Dentro del aeropuerto no ocurrió nada fuera de lo previsto: cola para facturar, esperas inquietantes, etc. Subimos por las escaleras mecánicas para entrar a la sala de embarque. ¡No! La despedida...Dije adiós, di y recibí abrazos, me alejaba, seguía agitando la mano. Mis lágrimas no cayeron hasta que lo vi llorar. ¡Lo vi llorar! Jamás lo había visto así, desde luego la mejor manera de demostrar cariño y afecto por una persona es sentir dolor por su ausencia, mientras más dolor, más amor.

martes, 5 de agosto de 2014

¿Vivir la vida loca?

De pequeños, tener muñecos y juguetes nos encantaba. Puede que algunos sintieran un amor innato hacia ellos y les emocione de por sí; otros los querían porque eran instrumentos para cultivar nuestras primeras amistades. "Si no tienes muñecas no vamos a jugar contigo", quien tiene la colección más extensa gana y se vuelve popular porque más gente querrá jugar con él. Número de muñecas era sinónimo de número de amigos.  Por otro lado, cuando mamá nos llevaba a casa de su amiga y conocíamos a otros niños, lo primero que se nos pasaba por la cabeza era: "¿jugamos?".
A medida que en el reloj de arena de la vida caía más arena, los juguetes y los muñecos se iban guardando en el baúl de los recuerdos (al menos eso nos hacían pensar). El hueco ocupado por ellos anteriormente es reemplazado por otros vicios infantiles de niños grandes: las fiestas, el alcohol y otros, escondidos detrás. Aquí es cuando nos damos cuenta de que la resaca y beber es la manera actualizada de socialización (de ahí que Windows 7 sea más descargada que Windows 8). Las personas que nos rodean se van de juerga y el miedo a ser excluido, acompañado de curiosidad y ganas de dejarse llevar por la novedad nos hace preguntarnos: ¿Debería hacer lo mismo? 
Soy una de esas que jamás se irá de fiesta a menudo, no beberá un embalse de cerveza, no se quedará pedo, no besará accidentalmente al primo de Hulk...Pero sí quedará de vez en cuando con sus amigos para divertirse a su manera.
Si creáramos un gráfico según las emociones de una persona fiestera, veríamos saltos altos y repentinos, picos de montaña seguido de una línea recta. Los picos son los subidones de euforia derivados del incremento de adrenalina, y la línea, el equilibro provocado por la asimilación de esa forma de vida. En cambio, un individuo con una vida más relajada tendría una representación en forma de zig zag, subidas y bajadas que aseguran estabilidad cardíaca.
Si ambos gráficos fuesen los electrocardiogramas (ECG) de dos pacientes, el primero estaría muerto porque la línea nos avisa de que su corazón ya no late; el segundo podría sufrir arritmia o alguna enfermedad cardiovascular (o no), sin embargo, está vivo. Esto es para que luego no digan: ¿y para qué vives? Las borracheras no justifican que vivas más y el electro afirma firmemente que estás muerto. De pequeña no me agradaban las muñecas, no por nada sino porque encontraba mejores cosas que hacer: papiroflexia, el escondite, experimentar con esmaltes de uñas, hacer gelatina, escribir cartas a mi primo simulando ser una admiradora secreta, construir casitas de cartón...

viernes, 1 de agosto de 2014

No estoy lista

Haha… las cosas nunca han sido mas complicadas. Estoy en mi ultimo año de secundaria, y estoy en ese tiempo en el que uno no sabe que hacer con su vida. Sin dirección y sin camino, me siento sola y confundida. Tengo apenas 16, ¿cómo piensan que voy a saber qué quiero hacer con el resto de mi vida? El estrés por terminar este proceso se siente eterno. Siento que me estoy balanceando de una cuerda, y esa cuerda es mi infancia y años de adolescencia. Si dejo ir de la cuerda, me caigo al vacío del mundo real, donde todo tiene consecuencias más grandes de lo que me esperaba y nuestras decisiones definen más que todo nuestro ser. Donde es hora de dejar esos juegos inútiles y prepararse para la vida verdadera. No, no estoy lista. Llévame a mis años de niña, donde lo que más me preocupaba era no darle de comer a mis mascotas, donde lo que mas dolía era un rasguño en mi rodilla. ¿Por qué queríamos tanto crecer? Daría todo por tener cinco años de nuevo y una sonrisa en mi rostro. Daría todo...

domingo, 20 de julio de 2014

¿Amigos?

Hace algo más de un año, conocí a un amigo a través de "League of legends", un juego que se había hecho bastante popular. Pensé que esta persona sería uno más en mi lista de contactos y que nuestro historial se rellenaría con escasas frases típicas, frías y sin sentido, pero fue todo lo contrario.
Empezamos hablando por el chat de LOL, nos intercambiamos el Twitter y después el Whatsapp, aunque eso es otra historia. Tras nuestra primera conversación estuve pensando en él durante los días siguientes. Esa noche no dormí o tal vez dormía con nuestra conversación metida en la cabeza. En clase permanecía físicamente sentada mientras mi conciencia navegaba por la Vía Láctea, tratando de comprobar la existencia de universos infinitos. Por una vez añoraba mi casa porque allí estaba el ordenador.
La cosa iba la mar de bien, me sorprendí al ver que recibí tweets suyos al iniciar sesión en Twitter. Ese día me pidió el Whatsapp, sabía que no tenía, se lo dije sin más y sentí mucha rabia, apesta chatear a través de mensajes limitados a 140 caracteres que prescinden del maldito pajarraco mensajero azul. Me dedicaba a escanear su perfil detalladamente, casi memorizando su contenido. Caí en la cuenta de que no utilizaba Twitter a menudo y me sentí feliz al ver que en los últimos cien tweets me mencionaba.
Con el tiempo dejamos de hablar como antes, lo que me impulsó a tomar iniciativas inapropiadas pero moralmente decentes; le cogí el móvil a mis padres para crearme un Whatsapp, hay cosas que el destino no hace por ti. Obviamente le sonó raro cuando le dije: "Hey, agrégame", sin embargo, ignoramos el tema. Digamos que todo volvió a la normalidad. Comenzaba a preocuparme por si hablábamos demasiado. Cuando el "adiós" tocaba la puerta nadie abría y era imposible despedirse, tuve que solucionarlo creando el "3, 2, 1". Digamos que dicho eso nadie entraba en la conversación de nuevo. Se había negado, pero lo tuvo que aceptar. Era parecido a la Cenicienta, se tenía que marchar a medianoche y el príncipe se preguntaba por qué.
Después, supe que LOL y las fiestas representaban el 75% de su vida. Cuando me saludaba en LOL me ilusionaba por si le daba por dejarse llevar por el flujo de las palabras tecleadas. Otras veces me sentía ignorada, sobre todo los fines de semana, aunque sabía que el domingo por la noche reaparecería. Supongo que me basta con saber que alguna vez he estado entre sus fiestas (pensamientos) y que en su corazón, mi puesto no se trata de "un número de maratones" como dice mi mejor amigo, que no es, por ejemplo, el 712. 3, 2, 1..