"No importa de dónde vienes, sino a dónde vas".

"Si puedes soñarlo puedes hacerlo".

sábado, 24 de octubre de 2015

¿Azul o dorado?

Mi año de prueba ha comenzado, estoy en primero de Enfermería con la espinita de la Medicina clavada y soportando crisis existenciales. La uni es coger trenes, caerte persiguiéndolos, tener clases en las que preferirás hacer cosas más productivas como jugar al Tetris Battle, ser VIP en el McDonalds, hacer cola en las máquinas de café donde hay una opción carente de sentido: vaso solo, pasar diapositivas de Powerpoint y conocer gente que se ríe por todo, que toca el ukelele, que...La mayoría de edad, el abono de transporte y el turno de tarde son la bomba. Puedo comprar una cerveza San Miguel 0% alcohol sin que el dependiente me diga que no, colarme en la facultad de una amiga de otra uni con turno de mañana y elegir la hora para levantarme.
La vida universitaria me gusta, me ha sorprendido cómo ha sido el proceso de evolución de la Enfermería, por qué es mayoritariamente de mujeres y cómo lucharon por conseguir un lugar para la Enfermería. Definitivamente no se trata sólo de "pinchar culos", y si lo fuera no es tan fácil, tomar la tensión tampoco es sólo inflar el manguito. Las asignaturas más ligadas al cuerpo humano son mis favoritas (Anatomía, Fisiología...), pero a veces no me llenan porque en las explicaciones siempre quedará un "más allá" que no tengo que conocer porque "es para los de Medicina". Sin embargo, el destino parece que se empeña en que me quede, no sé por qué en el Colegio Oficial de Enfermeras huele a mango (mi aroma preferido), por qué el día de mi cumpleaños es fiesta en la facultad, por qué siempre me quedo a unas décimas de la nota, por qué he conocido a personas tan increíbles, ¿por qué? No sé elegir, ¿azul o dorado?, ¿la gallina o el huevo? 

lunes, 10 de agosto de 2015

Violeta

He pasado de tener una habitación diseñada para disponer del máximo número de metros cuadrados posibles y hacer el pino-puente, a una en la que los muebles estorban y dividen el cuarto en tres zonas: la del descanso, la zona wifi y la zona con un aire a secretariado. Este es uno de los cambios que necesito cada cierto tiempo, me gusta la novedad, el contraste, aunque sólo sea cambiar de champú o de funda de móvil. Eso es, cambio, el violeta, además de ser símbolo del linfoma de Hodgkin, también representa el cambio. Por eso, el blog ha pasado de ser naranja a ser violeta, porque mi nueva habitación no será lo único que cambie, quiera o no. Por otro lado, las figuras de los pájaros de los laterales preparándose para el vuelo son un fiel reflejo de mí.
El mes pasado pisé por primera vez la facultad, donde tuve mi primera toma de contacto con la vida fuera del cascarón. Estuve a punto montarme en dos trenes equivocados y caminaba como una cría perdida intentando encontrar a su madre. Cuando salí de la boca del metro me sentí muy pequeña, supongo que no por mi baja estatura sino por el área comercial de las cuatro torres y el gigantesco hospital. Según Google Maps la universidad estaba a siete minutos andando, así que seguí las órdenes del navegador agarrando el teléfono como un explorador en busca del tesoro. Después de bordear el hospital y encontrarme con un McDonalds lleno de médicos y enfermeros, llegué. Por supuesto, la aventura nunca acaba, al lado de la entrada había un mapa del recinto que mostraba un par de edificios enumerados. La verdad es que di los siguientes pasos al tún-tún, sin embargo, me llevaron hasta la puerta de cristal del decanato. Ya dentro, entré por otras dos puertas erróneas hasta toparme con la de Gestión de alumnos. 
Al salir me brotó el síndrome del preuniversitario, tengo miedo de no poder afrontar la universidad, de no hacer amigos, de las novatadas...Pasaré de tener confianza con el director y los profesores a enfrentarme a un decano y otros maestros que posiblemente no sepan nunca cómo me llamo; tendré que acostumbrarme a un vocabulario culto con palabras como "merman" o "exención"; iré a clase por la tarde después de quince años yendo por la mañana; viajaré en tren sin controlar los transportes públicos; estudiaré una carrera en un lugar que no sé si me agradará, sin saber si hice una buena elección y sin la certeza de si algún día haré lo que verdaderamente me atrae; y sobre todo, haré todo sin ayuda. Es un antes y un después, una etapa con grandes cambios...En el océano de mis pensamientos se reprodujo la letra paródica de una canción inventada con K en los inicios del instituto:
"Cuando llegué aquí
creí que todo era guay,
ahora que estoy aquí
sé todo lo que hay".
     
"Tu vida no comienza hasta que haces algo grande".

lunes, 20 de julio de 2015

Venecia

13 de marzo de 2015
Eran las cinco de la mañana y soñó una de las alarmas. Molestaba. Pero las mantas nos abrazaban fuertemente impidiéndonos pulsar el botón de desactivar/aplazar. No nos levantamos hasta que la profe tocó a la puerta para comprobar que no había habido ninguna fuga de alumnos. A pesar de que a las dos de la mañana había dado dos puñetazos en la pared para avisar a los de al lado de que no era un horario apropiado para mover sillas, mesas y soltar carcajadas (las risas eran lo normal dentro de lo indecente, estaban echando champú, gel de ducha y pasta de dientes a los inocentes), había dormido genial, sólo cuatro horas pero como un angelito. De desayunar había poca variedad: croissants, café, chocolate, zumo, bizcocho, cereales y pan. En el buffet había una misión importante: conseguir provisiones para el resto del día, cosa que fui incapaz de hacer.
Luego, fuimos a dar otro paseo por la playa. El sol, cálido pero no abrasador, había puesto al descubierto las conchas enterradas en la blanquecina arena. El ambiente era tan simpático que quise llevarme parte de él en una botella. Al abandonar las orillas del Adriático, nos dirigimos al autobús de Ramón, que nos llevaría al puerto donde cogeríamos el vaporetto a Venecia. La entrada a la ciudad fue acompañada de niebla, que la hacía más interesante al actuar como un mantel en una exposición de cuadros. Venecia, como describía una de mis compañeras, "es como Madrid pero por cada paso de peatones, en Venecia es un puente". Por otro lado, gran parte de los regalos los compramos aquí, nadie se fue sin dos bolsas cargadas de máscaras, antifaces, imanes o figuras.
A lo largo del día nos ofrecieron decenas de veces palos de selfies, y finalmente los vendedores, de tanto insistir e insistir, consiguieron vender varios: "la profe estrenando su palo de selfie era como un niño con un juguete nuevo". También nos encontramos con parejas que estaban haciendo sesiones de fotos, incluso arrastrando un largo y precioso vestido blanco, ¿no es de cuento? Ya por la noche mientras regresábamos al puerto, unos hombres estaban cantando en un idioma que no identifiqué y bailando en círculo con panderetas en las manos. Acabamos uniéndonos a ellos, fue lo más divertido de todo el día. Al llegar al puerto estaba anocheciendo y el cielo mostraba una bolita roja-aranjada. Saqué la cámara para una última captura, ti-ti-ti, se apagó. Adiós Venecia, me quedo con la imagen de tus canales y mi sudadera verde de "I love Venezia" :) Estábamos fritos, en lugar de un barco de personas parecía uno de mercancía. La canción del fondo, I follow rivers, parecía una de esas que ponen al final de las películas: (I-I follow, I follow you deep sea baby), era ideal. 
En el hotel, un joven de otro grupo había arrojado un mechero que casi le da a A, a quien tuvimos que calmar antes de que dejara al chico sin descendencia. La cena era excesivamente original, más pasta y más pollo. Después de comer, contribuímos a ocupar todas las sillas y sofás de la recepción, único sitio donde había wifi.

martes, 14 de julio de 2015

Refugio

Aún recuerdo la edad en la que me gustaba seguir las modas en lugar de marcar mi propio estilo. A pesar de que cometía fallos mínúsculos en ortografía, como la tendencia era Messenger y escribir de la peor manera posible (xk, 100pre, sKe, io...), imitaba al resto. Otra diversión colorida era decorar las agendas con firmas y dedicatorias falsas como: "Dos ositos en la nieve no se pueden resbalar, dos amigas que se quieren no se pueden olvidar"; "Genoveva y Eustaquia APS TKM NTO". Este fue el comienzo del título de "mejor amiga", un diploma tan inigualable que parecía que venía en las cajas de cereales. También era considerada y si transformaban mi "taco de hojas con espiral" en un pavo real yo devolvía el favor con agrado.
Entre las siglas MAPS o BFF y personas que simulan ser tus mejores amigos y luego te abandonan a la primera de turno, dudé si mi "mejor amiga" era mi mejor amiga. Pocas tardes estoy con ella, en las malas no siempre cuenta conmigo y según el horóscopo cáncer y libra se llevan mal (un motivo más para no creer en él). Pero sé que es mi mejor amiga cuando me atrevo a ser obediente cuando discuto con mi madre y me suelta un "pues no vuelvas", porque sé que su casa es mi refugio; cuando necesito a alguien con quien hablar y pienso en ella; cuando su madre me reconoce como su segunda hija; cuando su tía se presenta y menciona mi nombre antes de que se lo diga; cuando soy la coordinadora de su fiesta sorpresa de cumpleaños; cuando soy la candidata elegida para el preestreno de Insurgente; cuando es la única que me apoya en caminos "sin escapatoria"; cuando me dejan plantada, me siento mediocre y nos sentamos a escuchar música. Ella no viene cuando todos se van, pero sé que siempre que lo necesite podré acudir a la madriguera de nuestra amistad.

domingo, 5 de julio de 2015

Padre incompleto

Mis padres tienen un doctorado Melissiano, lo saben todo sobre mí: lo que pretendo con cada miradita, cómo voy a reaccionar frente a diversas situaciones, mi forma de ser, gran parte de mis gustos...Sin embargo, lo que yo sé de ellos es una parte ínfima. Me di cuenta de esto hace dos días, después de que mi madre y mi hermana se fueran de vacaciones y nos dejaran en Madrid faltos de cariño. Era la primera vez que estábamos solos bajo el mismo techo durante tanto tiempo. Es como vivir con mi padre del pasado, cuando era joven y seguía soltero.
Como debe ocuparse únicamente de mí y no tiene que preocuparse por convivir con dos personas más, tiene más libertad para actuar. Experimenta con platos internacionales (mejicanas, vietnamitas...) e inventa salsas nuevas (a mi madre no le gusta lo exótico). Al sentarnos en la mesa hablamos muy poco, pero cada comida del día me llena de sorpresas. Lo que más me sorprende es que propuso turnarnos para fregar los platos, ¡él fregando!
Por otro lado, he descubierto que es sumamente responsable, justo y generoso, además piensa por mí antes que por él a pesar de lo borde y frío que aparenta ser. Pensé que sin ama de casa su habitación estaría patas arriba, pero hace la cama todos los días y deja todo en orden. El domingo fuimos de compras, él me recogió a casa y como me derretía de calor, abrí la nevera en busca de helados. Como sólo quedaba uno se lo di y me conformé con una placa refrigerante. Al cabo de un rato me extendió lo que quedaba de helado, me dijo que como sólo había uno era la mitad para cada uno, si hubieran sido dos, uno para cada uno.

Siempre pensé que le gustaba el café porque suele comprarlo. Creía que mi hermana y yo éramos las egoístas que le dejábamos sin capricho, pero en realidad no le gusta, lo compraba para nosotras...Compartir casa con mi padre incompleto también significa ruptura de normas implantadas por la autoridad suprema (mamá): aumento misterioso de mis ingresos, inversiones no consultadas...En fin, esta convivencia es tan especial como sus inventos gastronómicos. 

viernes, 3 de julio de 2015

Desear

Cada vez que miro la fecha de caducidad de las latas de sardinas, pienso en los conservantes que actúan como un santo grial, manteniendo durante años la juventud de las sardinas: 31 de diciembre de 2018, ¿de verdad caducarán? Yo creía que no, que todo está por llegar pero no llega, las sardinas no vivirán su fecha de vencimiento y yo no viviré el día en que los dados decidan mi futuro. Sin embargo, ese día sí llega, lo bueno es que hasta su llegada sólo había podido desear y desear y con su llegada el deseo puede transformarse en realidad. Bien, mi lata ha vencido, en cambio mi deseo ha permanecido intacto, sigue siendo un deseo.
Al principio me sentí hundida, fracasada, desorientada...Sabía de antemano que no sería un éxito asegurado y que los fracasos existen, sólo que me derrumbó eso de ver una puerta semiabierta, caminar hacia ella y que en mi último paso se cierre obstaculizando la entrada. Afortunadamente, tengo unos amigos y una hermana que saben cómo darle un segundo uso a los objetos, me golpearon con peluches: "Eres tonta". Aquella mañana parecía que estábamos ensayando una obra trágica, nuestro diálogo era profundo y filosófico. Por dentro seguía igual de deprimida, pero quise demostrarles que su visita había servido para algo: "No voy a llorar más porque entre las lágrimas y el calor me voy a deshidratar". Por supuesto, mientras yo estaba entre cajas de Kleenex recibía mensajes de personas anunciando con megáfono sus triunfos, felicitaciones varias, y otros preguntando por mi situación y yo sin saber qué responder.
Luego me planteé todas las posibilidades que tenía. Mi decisión ha sido comprarme una nueva lata de sardinas, por el momento seguiré deseando hasta que mi segunda lata caduque y los dados muestren otros números. Confío en que el próximo año no será un año perdido y que "si a la primera no lo consigo a la segunda lo haré mucho mejor".

viernes, 19 de junio de 2015

Milán - Verona - Padua

12 de marzo de 2015 
Anoche no había dormido casi nada, estaba emocionada porque hoy comenzaba mi aventura: ¡me voy a Italia! Era una de las pocas veces en las que estaba despierta a las seis de la mañana. En las calles predominaba el silencio, no uno sepulcral cual cripta, sino un silencio pacífico, agradable. De camino al aeropuerto de Barajas me quedé mirando cómo brillaban las luces de las farolas con la canción de El Perdón de Nicky Jam de fondo. En el avión me tocó un asiento aislado, pero me dormí mientras sonaba Fly me to the moon y la soledad sólo fue una palabra más en el diccionario.
 Al despertar, el piloto anunció que quedaban unos minutos para llegar al aeropuerto de Malpensa, también nos informó sobre el clima y la belleza de los Alpes.

Al llegar a Milán esperamos el autobús, donde conocimos a Ramón, el conductor. El interior del vehículo estaba increíblemente limpio, con un exquisito perfume a lavanda. Desgraciadamente, ese olor cesó cuando alguien sintió la necesidad de liberar gases.
 Como seguía teniendo sueño me dormí, y así pasaron dos horas. Hacía tanto calor que abrí los ojos, Italia tenía un cierto parecido con Madrid. Nos bajamos, comimos y dimos un paseo de hora y media. La catedral del Duomo era impresionante, así como todas las grandes marcas como Gucci y Prada.
La siguiente parada era la cuna de Romeo y Julieta: Verona. Visitamos el anfiteatro y el balcón de Julieta, antes de llegar a él había una pared repleta de grafitis y dedicatorias y yo contribuí a llenarla más, sólo para dejar mi huella. También fuimos a un edificio con una larga escalera, que según cuenta la leyenda, si pides un deseo y bajas de espaldas tu deseo se cumple. N me miró con cara de "sé lo que acabas de pedir". Mientras bajaba era todo un espectáculo porque tenía unas botas con tacón, incluso me aplaudieron! Luego acabamos en Padua, era ya de noche y todo estaba cerrado.
Finalmente, llegamos al hotel, las habitaciones eran pequeñas y cuádruples. En seguida bajamos a cenar, había pasta y pollo. Después fuimos a caminar por la playa, algunos se quitaron los zapatos, lo que no sabían era que el suelo y la arena estaban helados. Por supuesto, cuando el frío penetró en sus delicados pies desnudos comenzaron a chillar como si caminaran sobre cristales rotos.
Al volver al hotel nos dimos cuenta de que había una fiesta al lado, así que algunos apostaron a que no dormirían en toda la noche. Eso sí, antes subieron a las habitaciones, donde nos duchamos y nos reunimos con los profes para charlar (e intentar colar una zapatilla entre las aspas del ventilador de techo). Como no hablaban de nada interesante, la mitad nos largamos.