"No importa de dónde vienes, sino a dónde vas".

"Si puedes soñarlo puedes hacerlo".

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Casas ajenas

K y yo bajamos del autobús y nos dirigimos hacia la casa de E. Justo antes de llegar, nos dejamos atraer por una vivienda exageradamente decorada con motivos navideños, tenía luces, muchas luces, como si se empleara toda la electricidad del hogar en los adornos del exterior. Era como la casita de chocolate de Hansel y Gretel pero con mini bombillas multicolores e intermitentes en lugar de dulces.
Antes de comer nos divertimos un rato maquillando a E y vistiéndole de chica, ¡sólo le faltó la peluca! Durante la cena nos pusimos morados: K con jamón, B con aceitunas y yo con tortilla. Más tarde, vimos Expediente Warren, la responsable de unos cuantos gritos, proyectos de gritos para asustar, miedos por ir al baño.,.Ya eran casi las tres de la mañana, sin embargo, quisieron poner otra película más light. K y yo nos habíamos quedado dormidas, por lo que el despertar se manifestó en ella como mal humor, y en mí como antojo de patatas fritas. Lo que comenzó siendo una cena terminó siendo una fiesta de pijamas, empezamos a bromear con eso de quedarnos a dormir, y como siempre ocurre, detrás de cada broma hay una verdad.
Creímos que ya era hora de irse a la cama, hasta que tuvimos que buscar unos tubos para hinchar la cama de E. Decidimos preguntárselo a la madre de E mientras varios se quedaban rastreándolos por la cocina, el salón y el pasillo. Subimos las escaleras, tocamos suavemente la puerta abierta de una habitación donde se oían ronquidos, ¡era la habitación de la abuela! Quedaban otras tres puertas, sabíamos que una de ellas era el baño, y la otra una de la habitaciones libres. Por intuición, tocamos la tercera puerta. Nada, nadie respondía y nos daba corte seguir insistiendo. Bajamos abajo y se lo dijimos a E, quien nos respondió que la habitación correcta estaba un piso más arriba. 
Estar en casas ajenas es divertido porque las desconoces, es como estar en un hotel más acogedor, toda una aventura cuando te confundes de habitación o no encuentras algo. No obstante, he comprobado que no me gusta estar más de dos días fuera de casa.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Vallas

Tarde-noche de otoño-invierno 
Empezó siendo un día tranquilo entre melodías clásicas y románticas, suelos con hojas con tonos amarillentos y rojizos, un lago con barcos y un reloj analógico a lo lejos, que apuntaba hacia las 17:52. A pesar de que estuvimos toda la tarde juntos, sólo nos había dado tiempo a debatir sobre las fases de la luna, que por cierto estaba en cuarto menguante, y a ver gente haciendo pilates en compañía de pelotas de colores (siempre he querido una de esas). Cuando oscureció del todo, anduvimos hacia una de las salidas del parque. Se nos ocurrió atravesar un camino tétrico y siniestro que creí recordar en alguna de mis pesadillas en las que salían fieras de los árboles. La oscuridad era tan tenue que no me permitía ver más allá de mi nariz. Los objetos de mi alrededor parecían dibujos tridimensionales e irreales. Eso me hizo pensar en mi pasado, mi pasado ya no existe. Si mi pasado fuese una habitación estarían las luces apagadas, porque ya pasó, ya no importa, sólo queda lo abstracto, las anécdotas y los recuerdos.
Más tarde, acabamos yendo a la pirámide de cuerdas, nuestra pirámide. Subimos hasta la parte de arriba y nos tumbamos. Desde esa perspectiva se veían las estrellas, las cuerdas entrecruzadas y el vértice de la pirámide, era una combinación magnífica. Teníamos la intención de quedarnos un rato, pero nos pasamos un poco de tiempo. Llegar unos minutos tarde nunca había sido un problema muy gordo, la cuestión era que las puertas estaban cerradas, ¡nos quedamos encerrados! M dijo que nos saltáramos la valla, algo que para mí fue poco viable porque jamás había llegado siquiera a plantearme la posibilidad de saltarme una. La inseguridad y los ánimos de las pocas personas al otro lado de la valla me convencían para quedarme a dormir una noche en la pirámide:
- "¡Qué peligro!".  ¿Y a ti que te importa? Vete a tu casa.
- "Voy a llamar a la policía".  ¿Ah sí? ¿Por quedarme encerrada en un parque?

No obstante, en momentos así la desesperación puede con todo. Sí, ¡he saltado mi primera valla (espero que sea la última)!

jueves, 12 de noviembre de 2015

Tetris como filosofía de vida

El tetris siempre me ha parecido un juego clásico poco entretenido, hasta que un día conocí a su primo-hermano: Tetris Battle. Es el mismísimo tetris pero con dos jugadores y con una duración de dos minutos por partida. Juegas con un contrincante y las líneas que haces se las mandas al otro, así añades más altura a su bloque. Si el bloque llega arriba entonces consigues un KO. A partir de 3-5 KOs ganas directamente; la victoria lo determina el número de KOs, si no los hay cuenta el número de líneas enviadas, y en caso de coincidir en este dato, gana el que tenga el bloque en una posición más baja.
Tras horas y horas colocando figuras de colores (o de chocolate, una edición limitada que compré por San Valentín), soy nivel 89 con el título de Legendario GM (ni idea de lo que significan las siglas). En este momento me doy cuenta de que por detrás de un simple pasatiempo puede haber inteligencia y lecciones de vida, estas son algunas de las que he aprendido:
- Quien no arriesga no gana: Si construyes una torre alta tienes más posibilidades de ganar, pero un solo fallo puede marcar tu derrota.
- Siempre se puede empezar de nuevo: Si tu contrincante pretende obtener un KO y estás rozando el límite superior no intentes evitar que lo logre, así evitarás jugar con presión y con la sensación de que te están ahorcando. Con el tiempo que te queda puedes reconstruir la torre y compensar el KO anterior con ventaja.
- Quien mal anda mal acaba: Si te sientes malhumorado lo más seguro es que coloques mal alguna figura (o muchas), tu descontento hace que creas que perderás y provocará más errores que harán que la torre crezca sin que puedas eliminar líneas, y por tanto, pierdas.
- La belleza consiste en mirar más allá de las imperfecciones: En tetris hay una táctica llamada T-spin, consistente en colocar unas cuantas figuras "mal colocadas" de manera que formen un hueco para que quepa la figura con forma de "T" al bajarla lentamente y girarla. La dificultad radica en que tienes que olvidarte del concepto de "bloque perfecto" para poder hacer T-spins. ¿Tanta complicación para qué? Porque esto permite enviar el triple de líneas, ganar brillantemente a partir de desperfectos.

¿Y bien? ¿Consigues extrapolar alguna de ellas a situaciones que te han ocurrido?

sábado, 24 de octubre de 2015

¿Azul o dorado?

Mi año de prueba ha comenzado, estoy en primero de Enfermería con la espinita de la Medicina clavada y soportando crisis existenciales. La uni es coger trenes, caerte persiguiéndolos, tener clases en las que preferirás hacer cosas más productivas como jugar al Tetris Battle, ser VIP en el McDonalds, hacer cola en las máquinas de café donde hay una opción carente de sentido: vaso solo, pasar diapositivas de Powerpoint y conocer gente que se ríe por todo, que toca el ukelele, que...La mayoría de edad, el abono de transporte y el turno de tarde son la bomba. Puedo comprar una cerveza San Miguel 0% alcohol sin que el dependiente me diga que no, colarme en la facultad de una amiga de otra uni con turno de mañana y elegir la hora para levantarme.
La vida universitaria me gusta, me ha sorprendido cómo ha sido el proceso de evolución de la Enfermería, por qué es mayoritariamente de mujeres y cómo lucharon por conseguir un lugar para la Enfermería. Definitivamente no se trata sólo de "pinchar culos", y si lo fuera no es tan fácil, tomar la tensión tampoco es sólo inflar el manguito. Las asignaturas más ligadas al cuerpo humano son mis favoritas (Anatomía, Fisiología...), pero a veces no me llenan porque en las explicaciones siempre quedará un "más allá" que no tengo que conocer porque "es para los de Medicina". Sin embargo, el destino parece que se empeña en que me quede, no sé por qué en el Colegio Oficial de Enfermeras huele a mango (mi aroma preferido), por qué el día de mi cumpleaños es fiesta en la facultad, por qué siempre me quedo a unas décimas de la nota, por qué he conocido a personas tan increíbles, ¿por qué? No sé elegir, ¿azul o dorado?, ¿la gallina o el huevo? 

lunes, 10 de agosto de 2015

Violeta

He pasado de tener una habitación diseñada para disponer del máximo número de metros cuadrados posibles y hacer el pino-puente, a una en la que los muebles estorban y dividen el cuarto en tres zonas: la del descanso, la zona wifi y la zona con un aire a secretariado. Este es uno de los cambios que necesito cada cierto tiempo, me gusta la novedad, el contraste, aunque sólo sea cambiar de champú o de funda de móvil. Eso es, cambio, el violeta, además de ser símbolo del linfoma de Hodgkin, también representa el cambio. Por eso, el blog ha pasado de ser naranja a ser violeta, porque mi nueva habitación no será lo único que cambie, quiera o no. Por otro lado, las figuras de los pájaros de los laterales preparándose para el vuelo son un fiel reflejo de mí.
El mes pasado pisé por primera vez la facultad, donde tuve mi primera toma de contacto con la vida fuera del cascarón. Estuve a punto montarme en dos trenes equivocados y caminaba como una cría perdida intentando encontrar a su madre. Cuando salí de la boca del metro me sentí muy pequeña, supongo que no por mi baja estatura sino por el área comercial de las cuatro torres y el gigantesco hospital. Según Google Maps la universidad estaba a siete minutos andando, así que seguí las órdenes del navegador agarrando el teléfono como un explorador en busca del tesoro. Después de bordear el hospital y encontrarme con un McDonalds lleno de médicos y enfermeros, llegué. Por supuesto, la aventura nunca acaba, al lado de la entrada había un mapa del recinto que mostraba un par de edificios enumerados. La verdad es que di los siguientes pasos al tún-tún, sin embargo, me llevaron hasta la puerta de cristal del decanato. Ya dentro, entré por otras dos puertas erróneas hasta toparme con la de Gestión de alumnos. 
Al salir me brotó el síndrome del preuniversitario, tengo miedo de no poder afrontar la universidad, de no hacer amigos, de las novatadas...Pasaré de tener confianza con el director y los profesores a enfrentarme a un decano y otros maestros que posiblemente no sepan nunca cómo me llamo; tendré que acostumbrarme a un vocabulario culto con palabras como "merman" o "exención"; iré a clase por la tarde después de quince años yendo por la mañana; viajaré en tren sin controlar los transportes públicos; estudiaré una carrera en un lugar que no sé si me agradará, sin saber si hice una buena elección y sin la certeza de si algún día haré lo que verdaderamente me atrae; y sobre todo, haré todo sin ayuda. Es un antes y un después, una etapa con grandes cambios...En el océano de mis pensamientos se reprodujo la letra paródica de una canción inventada con K en los inicios del instituto:
"Cuando llegué aquí
creí que todo era guay,
ahora que estoy aquí
sé todo lo que hay".
     
"Tu vida no comienza hasta que haces algo grande".

lunes, 20 de julio de 2015

Venecia

13 de marzo de 2015
Eran las cinco de la mañana y soñó una de las alarmas. Molestaba. Pero las mantas nos abrazaban fuertemente impidiéndonos pulsar el botón de desactivar/aplazar. No nos levantamos hasta que la profe tocó a la puerta para comprobar que no había habido ninguna fuga de alumnos. A pesar de que a las dos de la mañana había dado dos puñetazos en la pared para avisar a los de al lado de que no era un horario apropiado para mover sillas, mesas y soltar carcajadas (las risas eran lo normal dentro de lo indecente, estaban echando champú, gel de ducha y pasta de dientes a los inocentes), había dormido genial, sólo cuatro horas pero como un angelito. De desayunar había poca variedad: croissants, café, chocolate, zumo, bizcocho, cereales y pan. En el buffet había una misión importante: conseguir provisiones para el resto del día, cosa que fui incapaz de hacer.
Luego, fuimos a dar otro paseo por la playa. El sol, cálido pero no abrasador, había puesto al descubierto las conchas enterradas en la blanquecina arena. El ambiente era tan simpático que quise llevarme parte de él en una botella. Al abandonar las orillas del Adriático, nos dirigimos al autobús de Ramón, que nos llevaría al puerto donde cogeríamos el vaporetto a Venecia. La entrada a la ciudad fue acompañada de niebla, que la hacía más interesante al actuar como un mantel en una exposición de cuadros. Venecia, como describía una de mis compañeras, "es como Madrid pero por cada paso de peatones, en Venecia es un puente". Por otro lado, gran parte de los regalos los compramos aquí, nadie se fue sin dos bolsas cargadas de máscaras, antifaces, imanes o figuras.
A lo largo del día nos ofrecieron decenas de veces palos de selfies, y finalmente los vendedores, de tanto insistir e insistir, consiguieron vender varios: "la profe estrenando su palo de selfie era como un niño con un juguete nuevo". También nos encontramos con parejas que estaban haciendo sesiones de fotos, incluso arrastrando un largo y precioso vestido blanco, ¿no es de cuento? Ya por la noche mientras regresábamos al puerto, unos hombres estaban cantando en un idioma que no identifiqué y bailando en círculo con panderetas en las manos. Acabamos uniéndonos a ellos, fue lo más divertido de todo el día. Al llegar al puerto estaba anocheciendo y el cielo mostraba una bolita roja-aranjada. Saqué la cámara para una última captura, ti-ti-ti, se apagó. Adiós Venecia, me quedo con la imagen de tus canales y mi sudadera verde de "I love Venezia" :) Estábamos fritos, en lugar de un barco de personas parecía uno de mercancía. La canción del fondo, I follow rivers, parecía una de esas que ponen al final de las películas: (I-I follow, I follow you deep sea baby), era ideal. 
En el hotel, un joven de otro grupo había arrojado un mechero que casi le da a A, a quien tuvimos que calmar antes de que dejara al chico sin descendencia. La cena era excesivamente original, más pasta y más pollo. Después de comer, contribuímos a ocupar todas las sillas y sofás de la recepción, único sitio donde había wifi.

martes, 14 de julio de 2015

Refugio

Aún recuerdo la edad en la que me gustaba seguir las modas en lugar de marcar mi propio estilo. A pesar de que cometía fallos mínúsculos en ortografía, como la tendencia era Messenger y escribir de la peor manera posible (xk, 100pre, sKe, io...), imitaba al resto. Otra diversión colorida era decorar las agendas con firmas y dedicatorias falsas como: "Dos ositos en la nieve no se pueden resbalar, dos amigas que se quieren no se pueden olvidar"; "Genoveva y Eustaquia APS TKM NTO". Este fue el comienzo del título de "mejor amiga", un diploma tan inigualable que parecía que venía en las cajas de cereales. También era considerada y si transformaban mi "taco de hojas con espiral" en un pavo real yo devolvía el favor con agrado.
Entre las siglas MAPS o BFF y personas que simulan ser tus mejores amigos y luego te abandonan a la primera de turno, dudé si mi "mejor amiga" era mi mejor amiga. Pocas tardes estoy con ella, en las malas no siempre cuenta conmigo y según el horóscopo cáncer y libra se llevan mal (un motivo más para no creer en él). Pero sé que es mi mejor amiga cuando me atrevo a ser obediente cuando discuto con mi madre y me suelta un "pues no vuelvas", porque sé que su casa es mi refugio; cuando necesito a alguien con quien hablar y pienso en ella; cuando su madre me reconoce como su segunda hija; cuando su tía se presenta y menciona mi nombre antes de que se lo diga; cuando soy la coordinadora de su fiesta sorpresa de cumpleaños; cuando soy la candidata elegida para el preestreno de Insurgente; cuando es la única que me apoya en caminos "sin escapatoria"; cuando me dejan plantada, me siento mediocre y nos sentamos a escuchar música. Ella no viene cuando todos se van, pero sé que siempre que lo necesite podré acudir a la madriguera de nuestra amistad.