"No importa de dónde vienes, sino a dónde vas".

"Si puedes soñarlo puedes hacerlo".

miércoles, 15 de junio de 2016

Autobuses

El transporte público ha sido algo nuevo para mí este año, he aprendido a no perderme en las estaciones a base de mirar carteles y coger trenes equivocados, ah, y también a usar escaleras, siempre están para algo, el camino lo marca la escalera que avistes. A pesar de estas pequeñas lecciones, los autobuses siguen siendo mi punto débil. O cojo el que no es y acabo en la otra punta de Madrid, o cojo el que es y no sé cuándo bajarme.

11 de marzo de 2016
Hoy han organizado una sangriada en la UAM, en el campus "de verdad" (mi facultad está aislada del resto de la UAM) y había quedado con un amigo para lo que hemos bautizado como "juego de máscaras". No nos habíamos visto nunca en persona, así que el juego consistía en encontrar a la otra persona entre todas las caras, pudiendo hacer uso de disfraces.
Sabía ir en tren, pero mi amiga insistió con que el autobús era mejor porque evitábamos hacer trasbordo y tardábamos menos, entonces decidí hacerle caso. Parecía decidida y segura, aunque en realidad compartíamos los mismos conocimientos acerca de los autobuses y la misma confianza en que la otra sabía más. La cuestión es que hemos descubierto la existencia del botón de "Stop" para solicitar paradas. También descubrí que la casa de Dora la Exploradora era real, y que el parking no había sido un sitio estratégico demasiado acertado para ganar el "juego de máscaras", se había convertido en un baño público...

8 de junio de 2016
Hoy es el segundo día de mi tercera convocatoria de PAU. Tenía el día libre, aunque fui a la Universidad para darles apoyo moral a mis compañeros. Mientras ellos estaban con el examen, me quedé en el pasillo escuchando música, las vistas desde ahí me hacían sentir como una monja de clausura dentro de un convento.

En el tren de vuelta a casa comunicaron por el megáfono que cortarían la línea por un incendio, lo que nos llevó a las escaleras de una residencia de ancianos al lado de una parada de autobuses con una cola de cien personas. Nos íbamos a quedar allí, hasta que vimos que teníamos posibilidades de coger un autobús. Sin embargo, acabamos siguiendo a los "paisanos", unos señores que estaban detrás que se llamaban así entre ellos. Según ellos, en la parada de la autopista llegaríamos antes a casa. No sé si era verdad, lo que sí sé es que sólo estuvimos cinco minutos esperando.
Fue un día caluroso, con patatas fritas un poco saladas, puentes, caminatas, y será una noche en la que no pueda pegar ojo debido al incendio, aunque no por las quemaduras que no tengo.

domingo, 22 de mayo de 2016

Ángeles en la nieve

Una tarde cualquiera de invierno de 2002. Toronto, Ontario. 
Mis padres finalmente se han hartado de compartir casa con esos universitarios de la planta de arriba, y decidieron mudarse a un barrio situado a unos veinte minutos. Me caían bastante bien, aunque eran unos irresponsables, una vez dejaron un plato de comida en la cocina y desaparecieron del mapa por una semana, entonces dudas si tirarlo porque se va a pudrir o dejarlo porque no es de tu propiedad. Este barrio me gusta mucho más, hay más vecinos alrededor, el colegio está a tres minutos andando, hay un parque con columpios al lado de un río...Ahora comparto casa con una pareja con dos hijos: Joyce y Kevin, que van conmigo a clase. 
La profe es muy amable, se apellida D'Souza, tiene el pelo corto y rubio y cuida mucho de mí, de la alumna nueva. Unos días más tarde, conocí a mi primera mejor amiga, con la que pasaba tardes comiendo helado de vainilla (sí, con ese clima tan frío) e imitando a los personajes de una novela, y recreos intentando hacer muñecos de nieve. Nunca conseguíamos hacer uno entero, hacer una bola de nieve cuesta más de lo que uno cree, así que una vez nos quedamos después de clase para dar vida a nuestro primer muñeco de nieve. Al acabar, nos tumbamos y empezamos a hacer ángeles en la nieve. Era muy relajante, el abrigo me protegía del frío pero dejaba sentir un pequeño frescor que recorría mi pequeño cuerpo. Era un momento de auténtico silencio, paz y tranquilidad, como si fuésemos las únicas personas del mundo. En ese momento sólo existía un sentimiento: la alegría de tener una buena amiga.

sábado, 26 de marzo de 2016

Me da igual

Quedan tan sólo unos meses para que acabe primero de Enfermería. Después de todo he conseguido quedarme y superar mis pequeñas crisis espontáneas de dejar la carrera, sin embargo, siento que mi vida ha perdido parte de su sentido. No me gusta la persona que soy porque estoy contribuyendo a afirmar el dicho popular que dice que si estás en Enfermería es porque no te ha dado la nota para Medicina. Enfermería es una carrera preciosa que no se merece el valor que le conceden: "no es Medicina de segunda, son cuidados de primera".
Desde septiembre he vivido mis días como si todo me diese igual, sin ningún tipo de motivación o satisfacción. Aunque parezca depresivo, que todo te dé igual también significa poder permitirte el lujo de hacer cosas que sin sentirte vacía no harías. Hago lo que quiero en el momento que quiero, y eso me hace feliz dentro de lo que cabe, porque nunca me había sentido más libre, es como volver a ser niña pero con menos limitaciones. Por otro lado, el Tetris también es un componente clave, cuando tengo problemas consigo evadirme con el juego como si consiguiera la solución a todo a base de encajar figuras, las acoplas y todo resuelto, todo desaparece. 
Es verdad que los sueños pueden cambiar, es verdad que los estudios sólo son una parte de mí, es verdad que nadie está predeterminado a ejercer una profesión concreta, pero se me quitan las ganas de estudiar, de ir a clase y de salir cuando me acuerdo de que "diagnóstico enfermero" es todo lo que no es diagnóstico médico, que no tengo que aprenderme las ramas de la arteria mesentérica superior porque para qué. El póster que tengo en mi habitación me recuerda todos los días: "Hagas lo que hagas, hazlo con pasión", hace que me dé cuenta de que no puedo buscar pasión en el sitio equivocado. 

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Casas ajenas

K y yo bajamos del autobús y nos dirigimos hacia la casa de E. Justo antes de llegar, nos dejamos atraer por una vivienda exageradamente decorada con motivos navideños, tenía luces, muchas luces, como si se empleara toda la electricidad del hogar en los adornos del exterior. Era como la casita de chocolate de Hansel y Gretel pero con mini bombillas multicolores e intermitentes en lugar de dulces.
Antes de comer nos divertimos un rato maquillando a E y vistiéndole de chica, ¡sólo le faltó la peluca! Durante la cena nos pusimos morados: K con jamón, B con aceitunas y yo con tortilla. Más tarde, vimos Expediente Warren, la responsable de unos cuantos gritos, proyectos de gritos para asustar, miedos por ir al baño.,.Ya eran casi las tres de la mañana, sin embargo, quisieron poner otra película más light. K y yo nos habíamos quedado dormidas, por lo que el despertar se manifestó en ella como mal humor, y en mí como antojo de patatas fritas. Lo que comenzó siendo una cena terminó siendo una fiesta de pijamas, empezamos a bromear con eso de quedarnos a dormir, y como siempre ocurre, detrás de cada broma hay una verdad.
Creímos que ya era hora de irse a la cama, hasta que tuvimos que buscar unos tubos para hinchar la cama de E. Decidimos preguntárselo a la madre de E mientras varios se quedaban rastreándolos por la cocina, el salón y el pasillo. Subimos las escaleras, tocamos suavemente la puerta abierta de una habitación donde se oían ronquidos, ¡era la habitación de la abuela! Quedaban otras tres puertas, sabíamos que una de ellas era el baño, y la otra una de la habitaciones libres. Por intuición, tocamos la tercera puerta. Nada, nadie respondía y nos daba corte seguir insistiendo. Bajamos abajo y se lo dijimos a E, quien nos respondió que la habitación correcta estaba un piso más arriba. 
Estar en casas ajenas es divertido porque las desconoces, es como estar en un hotel más acogedor, toda una aventura cuando te confundes de habitación o no encuentras algo. No obstante, he comprobado que no me gusta estar más de dos días fuera de casa.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Vallas

Tarde-noche de otoño-invierno 
Empezó siendo un día tranquilo entre melodías clásicas y románticas, suelos con hojas con tonos amarillentos y rojizos, un lago con barcos y un reloj analógico a lo lejos, que apuntaba hacia las 17:52. A pesar de que estuvimos toda la tarde juntos, sólo nos había dado tiempo a debatir sobre las fases de la luna, que por cierto estaba en cuarto menguante, y a ver gente haciendo pilates en compañía de pelotas de colores (siempre he querido una de esas). Cuando oscureció del todo, anduvimos hacia una de las salidas del parque. Se nos ocurrió atravesar un camino tétrico y siniestro que creí recordar en alguna de mis pesadillas en las que salían fieras de los árboles. La oscuridad era tan tenue que no me permitía ver más allá de mi nariz. Los objetos de mi alrededor parecían dibujos tridimensionales e irreales. Eso me hizo pensar en mi pasado, mi pasado ya no existe. Si mi pasado fuese una habitación estarían las luces apagadas, porque ya pasó, ya no importa, sólo queda lo abstracto, las anécdotas y los recuerdos.
Más tarde, acabamos yendo a la pirámide de cuerdas, nuestra pirámide. Subimos hasta la parte de arriba y nos tumbamos. Desde esa perspectiva se veían las estrellas, las cuerdas entrecruzadas y el vértice de la pirámide, era una combinación magnífica. Teníamos la intención de quedarnos un rato, pero nos pasamos un poco de tiempo. Llegar unos minutos tarde nunca había sido un problema muy gordo, la cuestión era que las puertas estaban cerradas, ¡nos quedamos encerrados! M dijo que nos saltáramos la valla, algo que para mí fue poco viable porque jamás había llegado siquiera a plantearme la posibilidad de saltarme una. La inseguridad y los ánimos de las pocas personas al otro lado de la valla me convencían para quedarme a dormir una noche en la pirámide:
- "¡Qué peligro!".  ¿Y a ti que te importa? Vete a tu casa.
- "Voy a llamar a la policía".  ¿Ah sí? ¿Por quedarme encerrada en un parque?

No obstante, en momentos así la desesperación puede con todo. Sí, ¡he saltado mi primera valla (espero que sea la última)!

jueves, 12 de noviembre de 2015

Tetris como filosofía de vida

El tetris siempre me ha parecido un juego clásico poco entretenido, hasta que un día conocí a su primo-hermano: Tetris Battle. Es el mismísimo tetris pero con dos jugadores y con una duración de dos minutos por partida. Juegas con un contrincante y las líneas que haces se las mandas al otro, así añades más altura a su bloque. Si el bloque llega arriba entonces consigues un KO. A partir de 3-5 KOs ganas directamente; la victoria lo determina el número de KOs, si no los hay cuenta el número de líneas enviadas, y en caso de coincidir en este dato, gana el que tenga el bloque en una posición más baja.
Tras horas y horas colocando figuras de colores (o de chocolate, una edición limitada que compré por San Valentín), soy nivel 89 con el título de Legendario GM (ni idea de lo que significan las siglas). En este momento me doy cuenta de que por detrás de un simple pasatiempo puede haber inteligencia y lecciones de vida, estas son algunas de las que he aprendido:
- Quien no arriesga no gana: Si construyes una torre alta tienes más posibilidades de ganar, pero un solo fallo puede marcar tu derrota.
- Siempre se puede empezar de nuevo: Si tu contrincante pretende obtener un KO y estás rozando el límite superior no intentes evitar que lo logre, así evitarás jugar con presión y con la sensación de que te están ahorcando. Con el tiempo que te queda puedes reconstruir la torre y compensar el KO anterior con ventaja.
- Quien mal anda mal acaba: Si te sientes malhumorado lo más seguro es que coloques mal alguna figura (o muchas), tu descontento hace que creas que perderás y provocará más errores que harán que la torre crezca sin que puedas eliminar líneas, y por tanto, pierdas.
- La belleza consiste en mirar más allá de las imperfecciones: En tetris hay una táctica llamada T-spin, consistente en colocar unas cuantas figuras "mal colocadas" de manera que formen un hueco para que quepa la figura con forma de "T" al bajarla lentamente y girarla. La dificultad radica en que tienes que olvidarte del concepto de "bloque perfecto" para poder hacer T-spins. ¿Tanta complicación para qué? Porque esto permite enviar el triple de líneas, ganar brillantemente a partir de desperfectos.

¿Y bien? ¿Consigues extrapolar alguna de ellas a situaciones que te han ocurrido?

sábado, 24 de octubre de 2015

¿Azul o dorado?

Mi año de prueba ha comenzado, estoy en primero de Enfermería con la espinita de la Medicina clavada y soportando crisis existenciales. La uni es coger trenes, caerte persiguiéndolos, tener clases en las que preferirás hacer cosas más productivas como jugar al Tetris Battle, ser VIP en el McDonalds, hacer cola en las máquinas de café donde hay una opción carente de sentido: vaso solo, pasar diapositivas de Powerpoint y conocer gente que se ríe por todo, que toca el ukelele, que...La mayoría de edad, el abono de transporte y el turno de tarde son la bomba. Puedo comprar una cerveza San Miguel 0% alcohol sin que el dependiente me diga que no, colarme en la facultad de una amiga de otra uni con turno de mañana y elegir la hora para levantarme.
La vida universitaria me gusta, me ha sorprendido cómo ha sido el proceso de evolución de la Enfermería, por qué es mayoritariamente de mujeres y cómo lucharon por conseguir un lugar para la Enfermería. Definitivamente no se trata sólo de "pinchar culos", y si lo fuera no es tan fácil, tomar la tensión tampoco es sólo inflar el manguito. Las asignaturas más ligadas al cuerpo humano son mis favoritas (Anatomía, Fisiología...), pero a veces no me llenan porque en las explicaciones siempre quedará un "más allá" que no tengo que conocer porque "es para los de Medicina". Sin embargo, el destino parece que se empeña en que me quede, no sé por qué en el Colegio Oficial de Enfermeras huele a mango (mi aroma preferido), por qué el día de mi cumpleaños es fiesta en la facultad, por qué siempre me quedo a unas décimas de la nota, por qué he conocido a personas tan increíbles, ¿por qué? No sé elegir, ¿azul o dorado?, ¿la gallina o el huevo?