"No importa de dónde vienes, sino a dónde vas".

"Si puedes soñarlo puedes hacerlo".

jueves, 22 de septiembre de 2016

Gracias y lo siento

Eran las dos de la tarde de otro maldito lunes. Estaba en la facultad terminando un trabajo, entre debates acerca de bibliografías en APA y Vancouver, y lo que yo conozco como “merengue” y mi amiga como “suspiro”. De repente, me volvió a llamar ese número largo con prefijo de Filipinas. Al principio, pensé que sería otra de las llamadas del Instituto Cambridge ofreciéndome una de sus maravillosas becas, así que iba a colgar. El punto es que me estaban grabando mientras hablaba por teléfono y el vídeo recogió estas palabras: “Sí, soy yo. ¡Sí quiero! Ahora mismo”. No supe muy bien cómo reaccionar, sólo que quería abrazar a todo ser humano que estuviera a menos de dos metros de mí, llorar, y pedirles que me dijeran por favor que no era una broma. Porque cuando llevas casi dos años amargando a todos con lo que piensas día y noche, cuando has perdido la confianza en ti misma, o cuando parece que van a quitar Selectividad/PAU porque no paras de presentarte, crees que todo es demasiado bueno para ser verdad. A lo largo de este tiempo, aparte de comprobar que soy tremendamente masoca, he llegado a un par de conclusiones más. Que conformarse no tiene ningún sentido, que quien no arriesga no gana, que la estadística es absurda, que tienes que actuar de manera que te sientas bien contigo mismo, y que que el palito largo del tetris te toque sólo es una cuestión de tiempo.
Gracias a todos los que me habéis apoyado. Gracias por dedicarme canciones, gracias por recomendarme pelis, gracias por la lámina y la taza de Mr. Wonderful. Gracias por aguantarme. Muchas gracias y lo siento. Lo siento por no poder haberos contado cosas mejores y haberos metido en mi pequeño círculo vicioso. Espero que pueda compensarlo con anécdotas como cuando me estampé contra el detector de metales la primera vez que fui a pagar el seguro escolar, o que si me haces reír en la piscina es muy probable que ponga a prueba la capacidad del socorrista para sacarme del agua.
Mi felicidad es 1% neurotransmisores y 99% Medicina. 

sábado, 13 de agosto de 2016

Estrellas de papel

Una tarde cualquiera de verano de 2006. Tegucigalpa, Honduras. 
Desde que mis primos se fueron a estudiar a los Estados Unidos, sus habitaciones eran como un museo lleno de reliquias. Me encantaba hurgar en ellas, porque aparte de que conseguía aumentar mi material escolar enormemente, cada objeto me decía algo de ellos. Sé que eran del Motagua (un equipo de fútbol) por una hucha de cerámica con forma de la mascota del club: el águila. También eran fieles amantes de la GameCube, Pokémon y Mario Bros, y bueno, no son malos escribiendo cartas amorosas.
Esta vez intenté, como siempre, averiguar el número secreto de los cajones con candados; volví a fallar. Luego, me dio por coger una carpeta de acordeón con cuadros amarillos. Había unos cuantos papeles, en el fondo seguían estando los separadores de colores y estaba un poco sucio, así que subí a la terraza a lavarla.
Al bajar, no encontré a mi tía por ningún sitio. Resulta que estaba con mi madre de compras, pensó que estaba durmiendo y por eso no me había avisado. Me dijo que las esperara, que volvería muy pronto y que una siesta haría que el tiempo pasara más rápido.

1 de julio de 2016
Según muchos, me considero una persona paciente, porque no me estreso cuando se me enredan los auriculares, o cuando no sé qué ponerme para una fiesta. Tampoco me importa estar horas haciendo una piñata de Minions, días haciendo ganchillo, o semanas esperando un pedido de Aliexpress. Pero hay esperas que matan, que aunque estés acostumbrada a resolver sudokus difíciles y tengas paciencia, consiguen que desistas. Quizás mi tía tenía razón, a veces hay que hacer que la espera sea menos pesada, o que al menos te haga pensar que por esperar algo ese algo llega.
Cuando no puedes echarte una siesta eterna para no acabar desganado, sólo puedes ir llenando un tarro de cristal con una estrella de papel por cada día que pasa. Convencerte de que cuando lleguen al tope, la espera habrá acabado, y que mientras más estrellas, mejor quedará el tarro.

miércoles, 20 de julio de 2016

No te cierres puertas

Sé que jamás podré catalogar un día o un año como el mejor de mi vida, ni como el peor, pero estos últimos meses han sido explosivos. Demasiadas decisiones, opciones, trámites, miedos, luchas, charlas, esperas, correos, envíos, nervios, política, fútbol... Y a la vez, muchas personas maravillosas, lugares inexplorados, canciones pegadizas, velas de cumpleaños, cafés con leche y poco azúcar, yogur helado con un kilo de todo, noches falsamente estrelladas...Está siendo un año bastante cargado, todos los acontecimientos se juntan para formar un meteorito preparado para estrellarse contra la Tierra. Mi ahogo en el océano de posibilidades, que según Barry Schwartz hace que tener más sea menos, y los arcoiris de mis sueños, bailan al mismo compás.
Cada día llego a una conclusión diferente, intentando convencerme de que mi reflexión más reciente es mejor que las anteriores. Cambio de opinión más que de tetriminos en una partida de tetris, y freno más rápido que los fórmula uno. Recuerdo que un día alguien me llamó para convencerme de algo que no iba a aceptar. Una de las frases que usó en su defensa fue: "No te cierres puertas". Aunque al final no consiguió su propósito, esa frase se me ha quedado marcada. Quizás mi problema sea que considero demasiadas barreras que no deberían estar allí, que además de puertas, cierro ventanas para asfixiarme dentro. He aprendido que es más fácil preguntarse por qué no que por qué sí, porque los síes sólo son posibles cuando no hay noes.

"Aunque hay algunos muros demasiado peligrosos para cruzarlos, lo único que sé es que si finalmente te aventuras a cruzar, las vistas al otro lado son fantásticas".

miércoles, 15 de junio de 2016

Autobuses

El transporte público ha sido algo nuevo para mí este año, he aprendido a no perderme en las estaciones a base de mirar carteles y coger trenes equivocados, ah, y también a usar escaleras, siempre están para algo, el camino lo marca la escalera que avistes. A pesar de estas pequeñas lecciones, los autobuses siguen siendo mi punto débil. O cojo el que no es y acabo en la otra punta de Madrid, o cojo el que es y no sé cuándo bajarme.

11 de marzo de 2016
Hoy han organizado una sangriada en la UAM, en el campus "de verdad" (mi facultad está aislada del resto de la UAM) y había quedado con un amigo para lo que hemos bautizado como "juego de máscaras". No nos habíamos visto nunca en persona, así que el juego consistía en encontrar a la otra persona entre todas las caras, pudiendo hacer uso de disfraces.
Sabía ir en tren, pero mi amiga insistió con que el autobús era mejor porque evitábamos hacer trasbordo y tardábamos menos, entonces decidí hacerle caso. Parecía decidida y segura, aunque en realidad compartíamos los mismos conocimientos acerca de los autobuses y la misma confianza en que la otra sabía más. La cuestión es que hemos descubierto la existencia del botón de "Stop" para solicitar paradas. También descubrí que la casa de Dora la Exploradora era real, y que el parking no había sido un sitio estratégico demasiado acertado para ganar el "juego de máscaras", se había convertido en un baño público...

8 de junio de 2016
Hoy es el segundo día de mi tercera convocatoria de PAU. Tenía el día libre, aunque fui a la Universidad para darles apoyo moral a mis compañeros. Mientras ellos estaban con el examen, me quedé en el pasillo escuchando música, las vistas desde ahí me hacían sentir como una monja de clausura dentro de un convento.

En el tren de vuelta a casa comunicaron por el megáfono que cortarían la línea por un incendio, lo que nos llevó a las escaleras de una residencia de ancianos al lado de una parada de autobuses con una cola de cien personas. Nos íbamos a quedar allí, hasta que vimos que teníamos posibilidades de coger un autobús. Sin embargo, acabamos siguiendo a los "paisanos", unos señores que estaban detrás que se llamaban así entre ellos. Según ellos, en la parada de la autopista llegaríamos antes a casa. No sé si era verdad, lo que sí sé es que sólo estuvimos cinco minutos esperando.
Fue un día caluroso, con patatas fritas un poco saladas, puentes, caminatas, y será una noche en la que no pueda pegar ojo debido al incendio, aunque no por las quemaduras que no tengo.

domingo, 22 de mayo de 2016

Ángeles en la nieve

Una tarde cualquiera de invierno de 2002. Toronto, Ontario. 
Mis padres finalmente se han hartado de compartir casa con esos universitarios de la planta de arriba, y decidieron mudarse a un barrio situado a unos veinte minutos. Me caían bastante bien, aunque eran unos irresponsables, una vez dejaron un plato de comida en la cocina y desaparecieron del mapa por una semana, entonces dudas si tirarlo porque se va a pudrir o dejarlo porque no es de tu propiedad. Este barrio me gusta mucho más, hay más vecinos alrededor, el colegio está a tres minutos andando, hay un parque con columpios al lado de un río...Ahora comparto casa con una pareja con dos hijos: Joyce y Kevin, que van conmigo a clase. 
La profe es muy amable, se apellida D'Souza, tiene el pelo corto y rubio y cuida mucho de mí, de la alumna nueva. Unos días más tarde, conocí a mi primera mejor amiga, con la que pasaba tardes comiendo helado de vainilla (sí, con ese clima tan frío) e imitando a los personajes de una novela, y recreos intentando hacer muñecos de nieve. Nunca conseguíamos hacer uno entero, hacer una bola de nieve cuesta más de lo que uno cree, así que una vez nos quedamos después de clase para dar vida a nuestro primer muñeco de nieve. Al acabar, nos tumbamos y empezamos a hacer ángeles en la nieve. Era muy relajante, el abrigo me protegía del frío pero dejaba sentir un pequeño frescor que recorría mi pequeño cuerpo. Era un momento de auténtico silencio, paz y tranquilidad, como si fuésemos las únicas personas del mundo. En ese momento sólo existía un sentimiento: la alegría de tener una buena amiga.

sábado, 26 de marzo de 2016

Me da igual

Quedan tan sólo unos meses para que acabe primero de Enfermería. Después de todo he conseguido quedarme y superar mis pequeñas crisis espontáneas de dejar la carrera, sin embargo, siento que mi vida ha perdido parte de su sentido. No me gusta la persona que soy porque estoy contribuyendo a afirmar el dicho popular que dice que si estás en Enfermería es porque no te ha dado la nota para Medicina. Enfermería es una carrera preciosa que no se merece el valor que le conceden: "no es Medicina de segunda, son cuidados de primera".
Desde septiembre he vivido mis días como si todo me diese igual, sin ningún tipo de motivación o satisfacción. Aunque parezca depresivo, que todo te dé igual también significa poder permitirte el lujo de hacer cosas que sin sentirte vacía no harías. Hago lo que quiero en el momento que quiero, y eso me hace feliz dentro de lo que cabe, porque nunca me había sentido más libre, es como volver a ser niña pero con menos limitaciones. Por otro lado, el Tetris también es un componente clave, cuando tengo problemas consigo evadirme con el juego como si consiguiera la solución a todo a base de encajar figuras, las acoplas y todo resuelto, todo desaparece. 
Es verdad que los sueños pueden cambiar, es verdad que los estudios sólo son una parte de mí, es verdad que nadie está predeterminado a ejercer una profesión concreta, pero se me quitan las ganas de estudiar, de ir a clase y de salir cuando me acuerdo de que "diagnóstico enfermero" es todo lo que no es diagnóstico médico, que no tengo que aprenderme las ramas de la arteria mesentérica superior porque para qué. El póster que tengo en mi habitación me recuerda todos los días: "Hagas lo que hagas, hazlo con pasión", hace que me dé cuenta de que no puedo buscar pasión en el sitio equivocado. 

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Casas ajenas

K y yo bajamos del autobús y nos dirigimos hacia la casa de E. Justo antes de llegar, nos dejamos atraer por una vivienda exageradamente decorada con motivos navideños, tenía luces, muchas luces, como si se empleara toda la electricidad del hogar en los adornos del exterior. Era como la casita de chocolate de Hansel y Gretel pero con mini bombillas multicolores e intermitentes en lugar de dulces.
Antes de comer nos divertimos un rato maquillando a E y vistiéndole de chica, ¡sólo le faltó la peluca! Durante la cena nos pusimos morados: K con jamón, B con aceitunas y yo con tortilla. Más tarde, vimos Expediente Warren, la responsable de unos cuantos gritos, proyectos de gritos para asustar, miedos por ir al baño.,.Ya eran casi las tres de la mañana, sin embargo, quisieron poner otra película más light. K y yo nos habíamos quedado dormidas, por lo que el despertar se manifestó en ella como mal humor, y en mí como antojo de patatas fritas. Lo que comenzó siendo una cena terminó siendo una fiesta de pijamas, empezamos a bromear con eso de quedarnos a dormir, y como siempre ocurre, detrás de cada broma hay una verdad.
Creímos que ya era hora de irse a la cama, hasta que tuvimos que buscar unos tubos para hinchar la cama de E. Decidimos preguntárselo a la madre de E mientras varios se quedaban rastreándolos por la cocina, el salón y el pasillo. Subimos las escaleras, tocamos suavemente la puerta abierta de una habitación donde se oían ronquidos, ¡era la habitación de la abuela! Quedaban otras tres puertas, sabíamos que una de ellas era el baño, y la otra una de la habitaciones libres. Por intuición, tocamos la tercera puerta. Nada, nadie respondía y nos daba corte seguir insistiendo. Bajamos abajo y se lo dijimos a E, quien nos respondió que la habitación correcta estaba un piso más arriba. 
Estar en casas ajenas es divertido porque las desconoces, es como estar en un hotel más acogedor, toda una aventura cuando te confundes de habitación o no encuentras algo. No obstante, he comprobado que no me gusta estar más de dos días fuera de casa.